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FRIJOLEROS

  • Foto del escritor: CARLOS RAMOS PADILLA
    CARLOS RAMOS PADILLA
  • hace 8 horas
  • 3 Min. de lectura

SE COMENTA SOLO CON


CARLOS RAMOS PADILLA


Los recientes mensajes desde la mañanera desnudan la carencia de argumentos, la confrontación y la ausencia real de gobierno. A los temas centrales se les anula con un “sin comentario” o “no sé, informará el gabinete”.

Lo demás son rellenos como el distractor de Shakira o el pasto en el zócalo de la CDMX en donde sí fluye nlos datos y declaraciones.


Y ante evidencias concretas la salida fácil es atacar a los opositores o a los periodistas -amlo se entretenía con Carlos Loret y ahora la presidenta (con a) con Raymundo Rivapalacio que según ella solo leen tres personas pero es tema de mañanera insistentemente.


Recientemente pasamos del “ frijol con gorgojo” al “somos frijoleros” con lo que intentan romantizar la pobreza nacional. “A mucha honra somos frijoleros”, sentencio Claudia Sheinbaum cuando se niega a expresar idea alguna sobre los ostentosos abusos de Ada Augusto, Andy, Gonzalo y José Ramón, de Cuauhtémoc Blanco, Fernández Noroña o Epigmenio Ibarra por mencionar a algunos.


Sus lujos son insultantes en verdad porque resulta una afrenta a un pueblo que observa como dilapidan parte de su evidente corrupción y mentiras sobre la austeridad.


Se enorgullece la presidenta (con a) de la carencia que la mal llamada

Transformación y convertido en discurso político para tapar la crisis, por ejemplo, de una inflación absurda empezando por el litro de gasolina en 30 pesos cuando el compromiso era de 10 pesos por litro por que “cuando llegue a la presidencia desde el primer día se acaba la corrupción” vociferaba el tabasqueño.


Y no es que los frijoles no lleguen al estómago de las clases marginadas, en la intención del mensaje de una mujer que se siente agobiada por el cargo que ostenta y que solamente disfruta de los viajes en donde al enfrentarse a protestas lleva el dedo a los labios y pide silencio.


Organismos internacionales señalan que el estancamiento de la economía nacional no se atribuye necesariamente a las políticas y enredos fuera de nuestras fronteras, sino a los desatinos, pifias y corrupción internas.


El populismo no lleva más que a repartir equitativamente las carencias y el regalar nuestros recursos a extranjeros con pretextos humanitarios es preparar un escape impune -de ser necesario- a fechorías que podrían ser sancionadas penalmente en el país.


Dicho como se dijo, ser frijoleros es un insulto porque se obliga a ese alimento por no tener más que ofrecer, porque la pobreza abunda frente a un gobierno que se luce en un Palacio. Se reparten más los beneficios y bondades entre criminales y narcos que entre la población.


Es ofensivo ser frijoleros cuando se encubren a los Bartlett o se destinan escoltas de seguridad personal a legisladoras como Juanita Guerra mientras se embellece en salas estéticas en el Senado.


Esta fuera de proporción ser frijoleros en tanto las fiestas de hijastras y quinceañeras cuesten los millones que deberían satisfacer las más elementales necesidades de los enfermos. Frijoles para el pueblo trabajador, platillos gourmet para funcionarios incompetentes. Para todos, todos, frijoles, pero para un grupo privilegiado en el poder los deslumbrantes destellos de Swarovski.


Por cierto que la presidenta (con a) ya aceptó que es real la imagen de la mujer asoleándose en una ventana de Palacio Nacional -oculto el nombre de quién se trata-. Así las diferencias, así nada más. “No está prohibido que una mujer salga a tomar el sol en una ventana” fue la espléndida respuesta de la presidenta (con a).

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