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FCT: Experiencia no es destino 

  • Foto del escritor: FERNANDO RUIZ CASTILLO
    FERNANDO RUIZ CASTILLO
  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

Algo Cada Día


Fernando Ruiz del Castillo

 

En política mexicana hay dos tipos de aspirantes: los que llegan por sorpresa y los que nunca se han ido.   Fernando Castro Trenti  pertenece claramente al segundo grupo. Su trayectoria es tan extensa que parece línea del tiempo institucional: diputado local en Baja California, senador de la República, diputado federal, consejero legislativo en el antiguo Instituto Federal Electoral, embajador en Argentina y después en Suiza y Liechtenstein.


Currículum no le falta. Lo que está por verse es si ese currículum conecta con una ciudadanía que, después de décadas de políticos “experimentados”, empieza a desconfiar precisamente de la experiencia acumulada.


Su reciente campaña digital —con el apodo de “El Diablo” y la promesa de ir contra corruptos— es interesante porque intenta reinventar una imagen. El problema no es el apodo; es el contexto. Cuando alguien ha transitado por casi todos los niveles del poder durante 30 años, la pregunta incómoda no es qué va a hacer ahora, sino por qué no lo hizo antes desde las múltiples posiciones que ya ocupó.


Castro Trenti no es improvisado. Fue un operador legislativo activo, presidió comisiones estratégicas y construyó redes políticas en varios partidos antes de llegar a Morena. También fue candidato a gobernador por el PRI en 2013. Ha sabido sobrevivir a derrotas, cambios de siglas y reacomodos ideológicos. En ese sentido, sí: es un político completo. Pero completo también significa cargado de pasado.


Y el pasado pesa.


Las encuestas recientes en Baja California muestran un panorama frío para su aspiración. No lidera la intención de voto dentro de Morena ni en el electorado general. Tiene reconocimiento —la gente sabe quién es—, pero reconocimiento no es lo mismo que entusiasmo. En política moderna, el voto se mueve más por percepción de frescura, cercanía o identidad que por hoja de servicios.


Aquí entra otro factor clave: Ricardo Monreal Ávila. Diputado federal, operador parlamentario y ahora coordinador regional de Morena en la Primera Circunscripción, donde se juega Baja California rumbo a 2027. Monreal no es un actor menor; es un estratega con peso interno y capacidad de influir en candidaturas.


Y sí, es cercano a Castro Trenti.


¿Eso ayuda? Por supuesto. En Morena —como en cualquier partido— las decisiones no son exclusivamente matemáticas. Hay negociación, equilibrios y padrinazgos políticos. Tener a Monreal como aliado podría significar respaldo en mesas internas, visibilidad nacional y protección en momentos críticos.


Pero también hay riesgos. Monreal es una figura con sus propias tensiones dentro del movimiento. Apostar todo a una relación política puede ser útil… hasta que deja de serlo. En la política mexicana, los apoyos no son vitalicios; son estratégicos.


La pregunta de fondo es otra: ¿quiere Baja California un político con todas las credenciales del sistema o uno que represente ruptura con él? Castro Trenti encarna continuidad institucional, oficio, tablas. Pero el electorado bajacaliforniano ha demostrado ser volátil, crítico y poco sentimental con las trayectorias largas. Aquí se castiga la desconexión y se premia la narrativa de cambio, incluso dentro del mismo partido.


Si el 2027 fuera una competencia de currículums, Castro Trenti estaría en la final sin despeinarse. Si es una competencia de emociones, percepción pública y olfato ciudadano, el resultado es menos predecible.


Su reto no es demostrar que sabe gobernar —eso lo da por hecho su historia— sino convencer a una generación que no vota por biografías, sino por expectativas. Y en ese terreno, ni el apodo de “El Diablo” ni una amistad influyente bastan.


La experiencia abre puertas.


Pero no siempre gana elecciones.


@Encuentro29

@ferruzcas

Fecebook: Fernado Ruiz del Castillo

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