Club Kid: La posibilidad de otro hogar

Carolina Meza
Club Kid (2026) marca el debut en el largometraje como director y guionista del actor estadounidense Jordan Firstman, conocido por su participación en Rotting in the Sun (2023), de Sebastián Silva. La película tuvo su estreno mundial en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y posteriormente formó parte de Perlak, la sección del Festival de San Sebastián dedicada a películas destacadas de otros festivales internacionales.
Entre la comedia y el drama, Club Kid se adentra en la escena de las fiestas underground queer de Nueva York para explorar la crianza desde una perspectiva que desafía las ideas tradicionales de familia y paternidad. A través de este universo, la película plantea otras posibilidades de cuidado, afecto y construcción de vínculos más allá de los modelos familiares convencionales. Durante los primeros veinte minutos, la cinta nos introduce en el estilo de vida de Peter, interpretado por el propio Firstman, un promotor gay de fiestas underground que parece haberse cansado del vacío que le produce su trabajo, pero que está demasiado inmerso en ese mundo como para encontrar una salida. Peter atraviesa una crisis que no es únicamente profesional, sino también espiritual; se trata de alguien atrapado en una adolescencia prolongada que no sabe muy bien qué hacer consigo mismo. A su lado está Sophie (interpretada por Cara Delevingne, modelo y actriz británica), su socia en el negocio de las fiestas, quien inicialmente parece tener un mayor control sobre las implicaciones de ese estilo de vida. El elenco también incluye al actor mexicano Diego Calva, quien interpreta a Óscar, un psicólogo que forma parte del entorno de Peter, y al joven actor británico Reggie Absolom, en el papel de Arlo, un niño de diez años que terminará por alterar las prioridades del protagonista.
Entre los aspectos más interesantes de Club Kid es la forma en que su narrativa evoluciona. Con una secuencia de rave que marca el pulso de ese universo nocturno, la película establece un tono frenético; Firstman incluso ha contado que convocó a extras a través de Grindr, ofreciéndoles cien dólares para aportar realismo a la escena. El arranque resulta prometedor y nos sumerge en una comunidad atravesada por el sexo, las drogas y la fiesta. Sin embargo, la llegada de Arlo desplaza el centro de gravedad de la película hacia otras cuestiones, como lo son la crianza queer, la paternidad y la posibilidad de hacerse responsable de alguien más. Arlo llega a la vida de Peter con la noticia de que es su hijo. Aunque Peter parece no tener la menor idea de cómo ha sucedido, hay algo en él que no termina de recibir la noticia como un absurdo. Lo más bello de la película es la relación que comienza a construirse entre ambos; una forma de horizontalidad que no elimina la responsabilidad ni las necesidades de cuidado que implica la infancia y que permite que el adulto también escuche y aprenda del niño. Al contrario, pareciera que Peter necesitaba tener que mirar por alguien más para empezar a salir de sí mismo. Algo especialmente interesante es la manera en la que se recurre a las convenciones de una historia aparentemente universal y formulaica para explorar algo más complejo. Lo que al inicio podría parecer una trama familiar reconocible adquiere otra dimensión al entrar en contacto con el retrato de la comunidad queer que la rodea. Y es que la película retrata con lucidez todos aquellos excesos de la vida nocturna, pero lo hace a través de una mirada afectuosa y libre de juicios; porque no necesita negar las contradicciones de ese mundo para reconocer el valor de los vínculos que nacen en él. De hecho, entiende que esa comunidad también constituye una alternativa a las estructuras familiares tradicionales de las que muchas personas queer han sido excluidas.
Club Kid cuestiona los prejuicios que suelen recaer sobre quienes han dedicado buena parte de su vida a la fiesta y a los espacios que la rodean. Peter puede ser un padre responsable sin tener que renunciar a su identidad ni esconder su pasado; asume el cuidado de Arlo sin que esto implique abandonar por completo la persona que ha sido hasta entonces; y, sobre todo, jamás le oculta quién es; viviendo su sexualidad con naturalidad, sin convertirla en un secreto que deba proteger de su hijo. Por su parte, Arlo parece familiarizado con el universo que habita su padre y se mueve en él sin el extrañamiento que los adultos suelen proyectar sobre estas realidades. Sus referencias y su manera de nombrar a las mujeres trans como dolls forman parte de un entorno en el que la diversidad no necesita ser presentada como algo excepcional. Esta apertura se refleja también en la manera en que Peter acompaña los intereses de Arlo, especialmente su curiosidad por la música; en lugar de imponer sus propias expectativas, le ofrece un espacio para explorar aquello que le gusta y descubrir quién quiere ser. Cuidar de alguien no significa moldearlo a nuestra imagen, sino permitirle experimentar con la certeza de que habrá alguien dispuesto a acompañarlo.
La relación entre ambos parece encontrar un equilibrio, hasta que una decisión que en un primer momento parece una buena idea, amenaza con alterarlo. Es entonces cuando la película introduce una tensión importante; ya que las buenas intenciones no siempre bastan para anticipar las consecuencias de nuestros actos. El pasado de Peter surge para desestabilizar su presente y dejar claro que la paternidad también exige reconocer aquello que todavía no se ha resuelto. Club Kid también puede leerse como una historia en que crecer deja de ser una posibilidad abstracta. Peter parece haber llegado a un punto en el que ya no puede seguir habitando su vida de la misma manera y aquella pregunta, ¿no sientes que has perdido diez años? resuena en una historia que no condena la fiesta ni la vida nocturna, pero sí se pregunta qué sucede cuando dejan de ser suficientes. Y aunque la película no resuelve qué es aquello que puede darle sentido a una vida, sí logra encontrar en el vínculo entre Peter y Arlo una posibilidad de transformación.
El hogar que ambos construyen podría describirse como una utopía, pero la película hace algo más interesante que idealizarlo y nos muestra que es posible. Hacer de esta forma de familia una utopía supondría colocarla en el terreno de lo inalcanzable, como si solo pudiera existir en la ficción, pero lo que propone Club Kid es precisamente lo opuesto, al visibilizar la posibilidad de construir hogares diversos donde precisamente por sus imperfecciones, se siente asequible y donde el afecto y la responsabilidad no dependen de ajustarse a un modelo familiar tradicional; se trata en realidad de mostrar que otras formas de cuidado son reales, con sus contradicciones, sus tropiezos y sus consecuencias.
La película concluye de manera agridulce, quizá distinto del que quisiéramos para Peter y Arlo, pero coherente con las tensiones que ha construido y con la realidad en la que vivimos. No obstante, queda la sensación de que su historia no termina del todo ahí; Firstman deja sembrada la posibilidad para imaginar lo qué podría suceder después, cuando el tiempo haya hecho su parte. De alguna manera, ahí reside una de las apuestas más bonitas de Club Kid, al no ofrecernos una familia ideal ni en garantizar que el afecto será suficiente para sostenerla, sino en recordarnos que estas formas de vida también pueden existir; que incluso hay hogares que se construyen sin saber muy bien cómo, entre sus errores y afectos inesperados, y en las maneras de cuidar que se descubren sobre la marcha.

.png)



Comentarios