México Requiere De Una Memoria Histórica
- JORGE HERRERA VALENZUELA
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A L F A O M E G A
*Detallado Análisis de Corte Antropológico
*La Importancia de la Arqueología y la Historia
*Impresionante Historial de Maru Del Valle Prieto
JORGE HERRERA VALENZUELA
Revuelo nacional. Dos libros rechazados por “los cuatroteistas”. “Ni Venganza, Ni Perdón” de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez. Versa sobre lo que ocurrió, políticamente, tras bambalinas en el sexenio pasado. “La Inconstitucionalidad de la Sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión”, coordinado por Diego Valadés, María Marván Laborde y Jesús Orozco Henríquez. Oportunidad para reflexionar en el 2027.
Cuando visitamos las zonas arqueológicas que existen en nuestra República admiramos las obras, nos hablan de historia, en los museos de sitio vemos vestigios de esas culturas. Si contamos con un guía conoceremos muchos detalles que nos ilustran.
Son notables las y los profesionistas que realizan una tarea silenciosa, trabajan al rayo del sol y soportan las inclemencias del clima. Son apasionados de la arqueología ligada, muchas veces, a la antropología y nos trasladan a la etapa prehispánica, a los siglos antes de la llegada de los españoles.
El descubrimiento más reciente fue el del Templo Mayor, ahí, al Norte del colonial, legendario e histórico Palacio Nacional. El próximo sábado 21 de este mes se cumplirán 48 años del suceso. El principal hallazgo, la diosa lunar y hermana del dios Huitzilopochtli, la Coyolxauhqui.
En otra entrega comentaré la historia de la historia del sitio donde también fueron encontradas la diosa Coatlicue, la Piedra del Sol o Calendario Azteca y la Piedra de Tizoc. Referiré la matanza de 400 indígenas ordenada por Pedro de Alvarado, cuando se realizaba una ceremonia religiosa de los aztecas.
ESTUDIOS Y ANÁLISIS HISTÓRICOS
La antropóloga María Eugenia Alejandra del Valle Prieto Ortega ha dicho que “el quehacer histórico y su proyección deberán estar situados como una de las prioridades de todo gobierno”.
Maru del Valle Prieto, como es conocida en el ambiente intelectual, es doctora en Ciencias Políticas, licenciada en Antropología Social y maestra en Ciencias Sociales. Su trayectoria académica abarca más de cincuenta años. Tiene reconocimientos y honores académicos.
Sus conceptos, pronunciados hace 9 años, al asumir la Dirección General de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, no pierden temporalidad y así queda constatado con las siguientes palabras:
“Los momentos que está pasando México requieren de una memoria histórica, de ahí nuestro compromiso con la educación y la conservación del patrimonio cultural”.
También esa ocasión expresó, ante el historiador Diego Prieto Hernández, entonces director del INAH: “En momento coyuntural en el devenir de nuestro País, el quehacer histórico debe estar presente y asumir un compromiso en el análisis de las circunstancias políticas, económicas y sociales que enfrenta”.
La hoy Directora de Relaciones Internacionales de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, presidida por el doctor Hugo R. Castro Aranda, estuvo al frente de la Asociación Mexicana de Estudios del Caribe y actualmente es Vocal de la misma. Es autora de estudios, publicaciones y artículos relacionados con ese tema.
JÓVENES EXPERTAS EN ARQUEOLOGÍA
Retornaba de Europa, donde estudió inglés y francés, cuando Maru del Valle Prieto fue informada por una de sus hermanas que, en el recién inaugurado Museo Nacional de Antropología solicitaban personas que dominaran esos idiomas para ser guías de los turistas extranjeros. El presidente López Mateos inauguró el museo el 17 de septiembre de 1964.
Maru y su hermana Beatriz decidieron ir a tomar las clases en un edificio de las calles de Moneda, a un costado de Palacio Nacional, y “ahí tuve mi primer contacto con grandes maestros como Marcia Castro Leal y otros destacados historiadores”.
Terminados los cursos, las jóvenes Del Valle Prieto comenzaron a atender a los turistas de Europa, Estados Unidos y de países asiáticos. Maru laboró, como guía bilingüe, durante 7 años.
¿Por qué estudió arqueología?
“Había leído sobre arqueología en la biblioteca de mi casa, porque tanto mi papá como abuelo, que eran abogados y notarios, tenían libros maravillosos sobre los descubrimientos de las tumbas egipcias sobre todo de Howard Carter quien en 1922 descubrió la tumba del faraón Tutankamón”.
Me dijo, la investigadora, que aprovechó la oportunidad de estudiar sobre las culturas indígenas, prehispánicas y contemporáneas. Me contó que su tío, el ingeniero Enrique del Valle Prieto, fue el encargado de trasladar, de San Miguel Coatlinchan a la Ciudad de México, el gigantesco monolito de Tláloc, dios de la lluvia.
“La llegada a Chapultepec causó mucha expectación y se armó un alboroto, porque ese día llovió mucho en la Ciudad”, añadió la maestra Del Valle Prieto, quien confirmó su deseo de ampliar sus estudios para ser arqueóloga.
El monolito de 167 toneladas recorrió 35.5 kilómetros, en una plataforma especial, distancia entre el municipio texcocano y el Distrito Federal.
El traslado duró muchas horas y causó expectación en calles y avenidas. Colocado al frente del museo que tiene 24 salas, tres auditorios y la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.
Esa noche, del 16 de abril de 1964, quedó instalado Tláloc, en medio de una gran tormenta que duró 90 minutos, provocando un diluvio. Era Miércoles de Ceniza.
“Protestó Tláloc. Se puso furioso, porque lo sacaron del lugar donde descansaba”, leí en una nota periodística.
ESTUDIÓ ANTROPOLOGÍA SOCIAL
Nacida en Tacubaya, Distrito Federal, Maru es oaxaqueña de sangre y de corazón. Su mamá, doña Herlinda Ortega Calderón, era originaria de la Vieja Antequera.
Don Luis del Valle Prieto Castañares, aguascalentense, destacado jurista y Notario Público.
Al iniciar sus estudios de arqueología recuerda que “tuve mi primer contacto con grandes maestros y puedo mencionar a Marcia Castro Leal. Beatriz y yo entramos a trabajar al museo bajo la dirección de uno de los mejores museógrafos, Mario Vázquez”.
Marcia habría de presentarla con el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, quien regresaba de trabajar en Chiapas. “Nos hicimos amigos y tiempo después nos casamos, en el año 1968”. Mientras él hacía excavaciones en Teotihuacán y en Tula, me involucré más en la arqueología”.
Casada y con dos hijos, Eduardo y Daniela, “aproveché la oportunidad de estudiar la carrera que se impartía en la Escuela de Antropología; a mis pequeños lo llevaba a la guardería. Estudiaba y trabajaba en el museo. Fue así como me preparé para titularme como licenciada en Antropología Social”.
Por esos días, nuestra entusiasta amante de la arqueología, fue invitada por don Antonio Pompa y Pompa, director de la Biblioteca del Museo. Conoció a muchos arqueólogos y antropólogos; leyó muchos libros de esa materia.
Interrogada sobre su mayor satisfacción profesional como arqueóloga, expresó: “En una práctica de campo, en Querétaro, me percaté de que no sólo excavando se encontraban vestigios prehispánicos, sino que la superficie también nos iba indicando que ese montículo había una gran historia que contar”.
Otra etapa importante en su trayectoria profesional, la recordó al comentar que como Antropóloga Social con sus maestros Carlos Martínez Marín y Margarita Nolasco, entre otros, hicieron una práctica del Proyecto sobre Ciudades Perdidas en la Capital Mexicana, Tijuana, Monterrey y en el puerto Lázaro Cárdenas y fue la base de su tesis “La vivienda en las Ciudades Perdidas”.
INGRESA A ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL INAH
Inquieta e incansable en saber más, estudia en la UNAM para titularse como Doctora en Ciencias Políticas. También fue alumna de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Graduándose como Maestra en Ciencias Sociales.
Junto con Margarita Nolasco ingresó a la Dirección de Estudios Históricos, del INAH, y “ahí me especialicé más en historia, sobre todo la historia de la migración y las fronteras”.
Fue subdirectora de Historia Contemporánea y después Directora general de esa institución, donde labora desde 1982 la fecha. Conferencista, investigadora, escritora y académica con muchos reconocimientos, desarrolla actualmente dos proyectos: El Caribe, presente y pasado y la Historiografía del Caribe.
Es vocal ejecutiva de la Asociación Mexicana de Estudios del Caribe, misma que presidió al iniciarse en el presente Siglo XXI y que recién celebró su primera reunión académica del año.
ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA
Al conversar con la doctora Del Valle Prieto Ortega, me sorprendió al decirme que en México se está estudiando una rama específica: la Arqueología Subacuática, iniciada por la arqueóloga tampiqueña María del Pilar Luna Erreguerena, protectora del patrimonio cultural subacuático y que es motivo de estudios en el INAH.
La pionera de esta arqueología subacuática fue la primera latinoamericana en recibir la Medalla J.C. Harrington, de la Sociedad Arqueológica Histórica de Estados Unidos. Harrington, Jean Carl, fue un visionario arqueólogo norteamericano, homenajeado al imponer su nombre a la medalla que se otorga a quienes destacan con sus investigaciones y trabajos.
FIGURAS FEMENINAS OLVIDADAS
México le debe reconocimiento a la labor de arqueólogas como Maricarmen Serra Puche, quien dirigió el Museo Nacional de Antropología, Coordinadora de Humanidades en la UNAM, autora de estudios en la zona arqueológica de Xochitécatl, Tlaxcala, donde por 800 años gobernaron y fueron guerreras las mujeres.
Con menciones y reconocimientos internacionales por su trabajo en Teotihuacán, está la arqueóloga Linda Rosa Manzanilla Naim y su colega Noemí Castillo Tejeda, igualmente galardonada, especialmente por su dedicación profesional en Tehuacán, Puebla.
La primera arqueóloga en la vida de la joven Maru del Valle Prieto fue la doctora Marcia Castro Leal Espino, quien compartió sus conocimientos y experiencias académicas con quienes se prepararon para ser guías de turistas en el Museo Nacional de Antropología. Maru, en aquel entonces de 19 años de edad, guarda los mejores recuerdos por la enseñanza que recibió.
Se trata de la hija de un ilustre mexicano, el maestro Antonio Castro Leal. Jurista excepcional, último rector de la Universidad Nacional de México, en 1929. Lo sustituyó el guanajuatense Ignacio García Téllez, primer rector de la UNAM.
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