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LOS ESCÁNDALOS QUE PASAN

Foto del escritor: CARLOS RAMOS PADILLA
CARLOS RAMOS PADILLA
hace 23 minutos
2 min de lectura

SE COMENTA SOLO CON


CARLOS RAMOS PADILLA


No hay día en que no estemos sumergidos en escándalos, estos pasan a una velocidad sorprendente y unos superan a los otros, todos con un común denominador: la impunidad.


De Rocha Moya, a los López Beltrán pasamos a los viajes de Bartlett, jueces acordeón, Adán Augusto y Andrea Chávez, Ayotzinapa, huachicol fiscal, Tren Maya, AIFA, Nahle, Tepoztlán y Noroña…, todos a decir del oficialismo incorruptibles.


Nos quedamos en la persecución de Amilcar Olán y zas! se atravesó Guadalupe Taddei mostrando la forma y manera de sabotear al Estado de Derecho, las leyes vigentes y la confianza pública.


Ya las elecciones son supervisadas, avaladas y calificadas sin autonomía, sino por el gobierno. Sus acciones, a decir de los abogados, merece cárcel, pero Taddei con su extraordinaria corrupción no llega ni por mucho a los verdaderos saqueos que en ocho años han sucedido en el país y que Morena y el gobierno no solamente perdona sino justifica.


Por qué hay maneras de herir a la administración de nuestros recursos. Uno es robando y la otra es la trampa, sí, esa que permite otorgar licitaciones a modo o contrataciones directas, la del nepotismo y muy grave, la del enorme endeudamiento que parece pasar inadvertido.


La incapacidad e inexperiencia es otro nivel de estafa y la repartición de cargos públicos solo por género se ha convertido en un tianguis de ofertas nada más por traer falda o pantalón.


El financiamiento a campañas electorales es otro mecanismo que permite tratos con criminales y asesinos. Por ello en el mundo y para nuestra desgracia, vivimos bajo un régimen controlado por los narcotraficantes.


Tratar de limpiar la sucia imagen de la administración es reservar información por años o desparecer órganos autónomos como el INAI. Todos estos trucos y más dejan la posibilidad de colocar en las primeras planas escándalos tras escándalos que intentan desaparecer de la memoria colectiva como así lo hacen con carpetas de investigación inconvenientes.


La multiusada maña de acusar al pasado ya no se aplica.


La CDMX suma décadas desde la llegada de Cuauhtémoc Cárdenas y el desaseo en materia federal desde los caprichos e imposiciones de amlo aún antes de pisar Palacio Nacional.


Sus disparates quedan registrados como Jefe de Gobierno de la capital, como presidente legítimo, con el plantón de Reforme e incluso con el saludo a la madre del Chapo y la liberación de Ovidio.


“No me salgan con que la Ley es la Ley” y hago lo “que diga mi dedito” dos estampas que parecieran frívolas pero que nos muestran como el poder permite todo.


*El contenido de esta colaboración, es responsabilidad exclusiva de quien la escribe.


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