El Conquistador de la 4T
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

- hace 6 horas
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Algo Cada Día
Fernando Ruiz del Castillo
En la narrativa de un movimiento que se envuelve en la bandera del nacionalismo y la defensa irrestricta de la soberanía, existe una contradicción viviente que habla con acento español y opera con una impunidad que ningún ciudadano mexicano común posee: Abraham Mendieta Rodríguez.
Este personaje, lejos de ser el "analista" que pretende proyectar, se ha convertido en el golpeador mediático predilecto del régimen, un agitador extranjero que goza de una vergonzosa patente de corso para insultar, polarizar y denostar a los mexicanos desde la comodidad del amparo presidencial.
Resulta un insulto a la inteligencia que el mismo gobierno que exige disculpas a España por la Conquista, haya abierto las puertas de par en par a un nuevo colonizador ideológico. Mendieta, formado en las filas del populismo de Podemos, aterrizó en México no para aprender, sino para adoctrinar.
Su estatus migratorio ha sido objeto de severos cuestionamientos legislativos; ingresó como turista, pero actúa como un operador político de tiempo completo, una violación flagrante a la Ley de Migración que en cualquier otro sexenio habría terminado en una deportación inmediata.
Sin embargo, bajo el manto protector de la "Cuarta Transformación", la Constitución se dobla a voluntad: el Artículo 33, diseñado para proteger la política interna de injerencias extranjeras, se convirtió en letra muerta para proteger a los amigos del presidente.
La función de Mendieta es clara y corrosiva: es el mercenario de la retórica. No debate, destruye. Su modus operandi consiste en descalificar moralmente a cualquiera que disienta del oficialismo con una agresividad inusitada. Se ha atrevido a llamar "narcotraficantes" a opositores en televisión nacional, gritando "los narcos son ustedes" con una arrogancia que hiela la sangre, asumiendo el papel de juez supremo en un país que no es el suyo.
Sus ataques no respetan investiduras ni trayectorias; ha protagonizado burlas contra legisladoras, denigrando el debate público a un nivel de riña callejera.
Lo más indignante no es su ideología, sino su hipocresía y su financiamiento.
Mientras se llena la boca hablando de "el pueblo", legisladores han denunciado su comportamiento "parasitario", exigiendo saber de qué vive este "asesor" que se pasea por los pasillos del poder.
¿Quién paga sus estancias, sus viajes y su vida en México?
La opacidad es su mejor aliada. Se presenta como un consultor estratégico, pero en la práctica funciona como un vocero oficioso que dice lo que los funcionarios no se atreven, escudándose en su pasaporte para victimizarse ante la más mínima crítica, gritando "xenofobia" cuando se le exige cumplir la ley.
Abraham Mendieta es el símbolo perfecto de la decadencia política actual: un extranjero que viene a México a sembrar odio entre hermanos, protegido por un poder que valora más la sumisión abyecta que la dignidad nacional.
Mientras los mexicanos enfrentan la realidad de la inseguridad y la crisis económica, Mendieta pontifica desde sus privilegios, demostrando que, en el México de la 4T, la soberanía es solo un discurso para las masas, pero un chiste para los cortesanos del régimen.
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