¿Cuántos audios hacen falta?
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

- hace 1 día
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Algo Cada Día
Fernando Ruiz del Castillo
Hay una vieja máxima en política: el problema nunca es el primer audio. El problema es el siguiente. Y el que sigue. Y el que todavía no conoces.
Eso explica, quizá, la serenidad con la que el gobierno federal salió este martes a cerrar filas en torno a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda. La presidenta Claudia Sheinbaum pidió prudencia porque "no se sabe con quién está hablando", mientras el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, concluyó que de los audios difundidos por Héctor de Mauleón no se desprende la comisión de un delito ni la revelación de información confidencial.
Caso cerrado. Siguiente pregunta.
O casi.
Porque el verdadero problema nunca ha sido únicamente si jurídicamente existe hoy un delito. El problema es político, ético y de confianza pública.
Los audios muestran —si se toma como auténtica una conversación cuya existencia la propia gobernadora ya reconoció como privada— a una mandataria que no transmite fortaleza institucional, sino una evidente desesperación por resolver su situación frente al gobierno de Estados Unidos.
No se escucha a una gobernadora hablando desde la seguridad que otorga la inocencia absoluta. Se escucha a alguien preguntando, negociando, ofreciendo cooperación, intentando conocer qué quieren saber de ella y, sobre todo, tratando de evitar un escenario que menciona con insistencia: una posible extradición.
Ese es el contexto político.
La defensa oficial, sin embargo, optó por un camino distinto: minimizar el contenido.
"No sabemos con quién habla."
"No hay información sensible."
"No se infiere un delito."
Todo puede ser cierto desde una lectura estrictamente jurídica. Pero también puede ser profundamente insuficiente desde la óptica política.
Porque una cosa es que no exista hoy evidencia para integrar una carpeta de investigación y otra muy distinta es que resulte normal escuchar a una gobernadora preguntando qué información podría interesarles a presuntos intermediarios de autoridades estadounidenses.
No deja de llamar la atención la rapidez con la que se construyó un escudo político alrededor de Marina del Pilar. Morena, que tantas veces exigió investigaciones inmediatas cuando los involucrados pertenecían a otros partidos, hoy parece conformarse con una interpretación benevolente del audio.
La vara, al parecer, también tiene militancia.
Pero quizá la pregunta más incómoda no sea para Palacio Nacional.
Es para Héctor de Mauleón.
Porque si el periodista decidió publicar un segundo audio, difícilmente fue porque se quedó sin información. Quienes conocen su trayectoria saben que rara vez coloca todas sus cartas sobre la mesa desde el primer momento. De Mauleón suele administrar tiempos, corroborar fuentes y construir historias por capítulos.
Y eso obliga a otra reflexión.
¿Será necesario un tercer audio?
¿Un cuarto?
¿Un quinto?
¿Un sexto?
La pregunta no es ociosa.
Porque si existen más grabaciones —y la posibilidad no parece descabellada dada la secuencia de revelaciones— cada nuevo episodio podría elevar considerablemente el costo político para Morena.
Hoy el gobierno sostiene que no hay delito.
Perfecto.
¿Y si el siguiente audio ya no habla únicamente de disposición para cooperar?
¿Y si aparecen nombres?
¿Y si se describen reuniones?
¿Y si se revelan acuerdos?
¿Y si las conversaciones muestran un nivel de interlocución mucho más comprometedor?
Entonces ya no bastará con decir que "no se sabe con quién hablaba".
La comunicación de crisis tiene una regla básica: nunca cierres definitivamente una historia mientras desconoces si existen más pruebas por venir.
Por eso sorprende la contundencia con la que el gobierno prácticamente absolvió políticamente a la gobernadora en cuestión de horas.
Porque las crisis modernas no terminan con una conferencia mañanera.
Terminan cuando dejan de aparecer evidencias.
Mientras tanto, el reloj corre para todos.
Para Marina del Pilar, porque cada audio aumenta el desgaste de su credibilidad.
Para Morena, porque el costo ya dejó de ser estatal y comienza a proyectarse sobre el partido en el poder.
Y para el propio gobierno federal, porque cada defensa anticipada corre el riesgo de convertirse, más adelante, en un expediente incómodo si las revelaciones continúan escalando.
En política, los incendios rara vez se apagan declarando que ya no hay humo.
A veces, simplemente, el viento todavía no cambia de dirección.
Lic. Francisco Fernando Ruiz del Castillo
Cel. 6861363618
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