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Ya “de perdis”

  • Foto del escritor: FERNANDO RUIZ CASTILLO
    FERNANDO RUIZ CASTILLO
  • hace 8 horas
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 2 horas

ALGO CADA DÍA


Fernando Ruiz del Castillo


Es cierto: ningún gobernante tiene la obligación de saber de todo. Pero sí, al menos, “de perdis”, de estar enterado de lo que ocurre en su país, su estado y su municipio. Ese mínimo conocimiento no solo es requisito para gobernar, sino condición básica para ganarse el respeto de propios y el reconocimiento de los ajenos. Y cuando no se sabe, lo indispensable es rodearse de colaboradores capaces de informar con oportunidad, veracidad y sentido crítico, y de ayudar a tomar decisiones acertadas.


A la gobernadora Marina del Pilar Ávila le está fallando, de manera evidente, una parte sustantiva de su equipo. Le ocultan información, le maquillan la realidad y le alimentan un ego que ya estaba suficientemente inflado. No hay visión estratégica, no hay inteligencia política, no hay gobernabilidad efectiva. El resultado: una sucesión de errores que han deteriorado la imagen de su gobierno y generado un creciente malestar social.


Ahí están los antecedentes: el fiasco del Sky Tren en Tijuana, las cifras infladas de la Serie del Caribe, la incapacidad para prever la reacción social del 8M, el bloqueo del aeropuerto, la narrativa triunfalista frente a una inseguridad desbordada y las promesas de justicia que no llegan. En todos los casos, la constante ha sido la misma: desinformación, mala lectura del entorno y ausencia de consecuencias para los responsables.


Tampoco los otros poderes ayudan. La sumisión del Congreso del Estado, dominado por la mayoría morenista bajo el férreo control de Juan Manuel Molina, ha convertido la independencia de poderes en una quimera. La aplanadora legislativa actúa por consigna, no por convicción, y reproduce los vicios que antes criticaba. Hoy, como ayer, las minorías son marginadas y el debate es sustituido por el aplauso automático.


Las comparecencias de funcionarios son meros ejercicios de lucimiento personal. Nadie cuestiona, nadie exige. En cambio, se justifican torpezas, se ocultan incapacidades y se abren espacios para el nepotismo y las aviadurías. Las iniciativas de ley, en su mayoría, carecen de impacto social. Importa más la foto que el resultado.


Han transcurrido más de 50 meses desde que Marina del Pilar asumió la gubernatura con un respaldo abrumador. La expectativa era alta: juventud, discurso fresco, promesa de cambio. Hoy, los resultados son escasos y la inconformidad crece. La desesperanza se extiende en sectores productivos, sociales y ciudadanos que ya no encuentran respuestas ni rumbo.


Por ello, urge una revisión seria del gabinete legal y ampliado, particularmente en áreas estratégicas: seguridad, salud, economía y comunicación social. De honestidad y transparencia, mejor ni hablar, cuando ni siquiera se ha hecho pública la declaración patrimonial de la mandataria, lo que limita su autoridad moral para exigir cuentas a sus colaboradores.


En lugar de corregir, se ha optado por una costosa campaña de posicionamiento en redes y medios tradicionales: encuestas pagadas, entrevistas a modo, portadas complacientes y una narrativa artificial que intenta proyectar omnipresencia y control. El efecto ha sido contrario: la percepción dominante es la de una funcionaria lejana, repetitiva, atrapada en monólogos y alabanzas constantes a la presidenta Sheinbaum y al expresidente López Obrador. Las redes sociales lo reflejan con crudeza: los comentarios negativos superan con creces a los elogios inducidos.


Los viajes frecuentes a la Ciudad de México, antes vistos como gestión política, hoy son motivo de burla y crítica. Las reuniones “de pisa y corre” y las entrevistas donde destacan más los atuendos que los resultados han terminado por desgastar su imagen.


El punto más crítico sigue siendo la seguridad. Baja California vive una crisis severa, con cifras alarmantes de homicidios y delitos de alto impacto. Sin inteligencia policial, sin estrategia integral, sin depuración y sin prevención, cualquier política está condenada al fracaso. La parálisis en la procuración de justicia es otro lastre. Mucho análisis, pocos resultados.


Después de cuatro años, Marina del Pilar ha cumplido con sus compromisos políticos. Hoy, frente a lo que venga, es tiempo de dar un golpe de timón: renovar la Secretaría General de Gobierno, replantear la política interna, redefinir la estrategia de seguridad y revisar la Fiscalía. Si no se corrige el rumbo, el desgaste hacia el término de su mandato, será irreversible. Ya no basta con saber “de perdis”. Es momento de actuar.


@Encuentro29

@ferruzcas

Facebook Fernado del Castillo

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