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Un narcoestado hoy

  • Foto del escritor: EDUARDO GARCÍA ANGUIANO
    EDUARDO GARCÍA ANGUIANO
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

OPERACIÓN SEGURIDAD


Eduardo García Anguiano


Narcoeconomía, narcopolítica y narcosociedad, caracterizan un narcoestado.


Atentados contra diputados, secuestros de mineros, descubrimiento de fosas clandestinas y enfrentamientos, forman el paisaje en Sinaloa; a partir del caso de “El Mayo” las cifras del impacto de la violencia a enero 2026 en este narcoestado son impresionantes:


  • 2,399 asesinados,

  • 3,047 personas desaparecidas,

  • 72 niñas y niños han perdido la vida,

  • 9,232 personas despojadas de sus vehículos,

  • 3,000 familias desplazadas de sus hogares,

  • 70 mil millones de pesos en daños económicos y

  • Más de 2,000 negocios cerrados.


Todo lo anterior a pesar de la presencia de fuerzas federales de aplicación de la ley en la entidad federativa. Adicionalmente hay que considerar que la situación sinaloense se inscribe en un contexto nacional sobre desapariciones, cuyo promedio diario es:


  • Sexenio de Fox: 0.4,

  • Sexenio de Calderón: 7.7,

  • Sexenio de Peña: 14.9,

  • Sexenio de López: 24.7 y

  • Sexenio de Sheinbaum: 40.6. 


Para estimar la magnitud de los datos veamos algunos casos en América:


  • Chile 1973 - 1990: 1,102 desaparecidos y/o ejecutados (Informe Rettig),

  • Brasil 1964 - 1985: 434 desparecidos y muertos (Comisión Nacional de la Verdad),

  • Uruguay 1973 - 1985: 197 desapariciones (numerosas ocurrieron en Argentina) y

  • Bolivia 1971 - 1982: 150 desaparecidos y detenidos (según la Asociación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, ASOFAMD).


La violencia se ha normalizado en Sinaloa pues las 3,047 desapariciones superan a las sucedidas en las dictaduras en esos países, a tal grado que aparecen como benignas ante lo que sucede en este narcoestado. La desaparición se utiliza como técnica de terror psicológico: al no haber cuerpo no hay delito que perseguir legalmente y la familia queda en un estado de suspensión y angustia permanente.


La escritora española Rosa Montero en "El peligro de estar cuerda" expresó: “No creo que debamos añadir un tormento de culpabilidades fantasmales a la pura y sagrada pena de la desaparición del ser querido”.

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