Todo el poder
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

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Algo Cada Día
Fernando Ruiz del Castillo
“Si le das más poder al poder…”. La frase de Molotov envejeció mejor que muchas instituciones mexicanas. Porque mientras la banda cantaba aquello como protesta, Morena parece haberlo tomado como manual de operaciones.
Lo de esta semana en el Congreso fue una exhibición obscena de músculo político, pero también de ansiedad. La ansiedad del régimen por quedarse con todo. Absolutamente todo. La Presidencia, el Congreso, la Suprema Corte, el INE, el Tribunal Electoral y, si se descuidan, hasta el comité de vecinos de la cuadra o las sociedades de padres de familia.
La 4T ya no gobierna con la lógica de la alternancia democrática. Gobierna con la obsesión del movimiento perpetuo. Con esa peligrosa idea de que sólo ellos representan al “pueblo bueno” y que cualquier contrapeso es traición, conservadurismo o conspiración extranjera.
Ayer el Senado y la Cámara de Diputados aprobaron otra ronda de reformas que retratan perfectamente el modelo de país que están construyendo: uno donde las reglas se cambian sobre la marcha, según las necesidades del grupo en el poder.
La joya de la corona fue el “regalito” para los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral. Morena y sus aliados aprobaron abrirles la puerta para reelegirse y permanecer hasta 2034. Sí, hasta 2034. Porque, al parecer, en la nueva transformación la reelección ya no es mala… siempre y cuando sea para los cuates correctos.
Y aquí es donde el cinismo rebasa todos los límites. Hace apenas unos meses, el oficialismo vendía la narrativa de acabar con privilegios, cacicazgos y castas enquistadas en el poder judicial. Hoy hacen exactamente lo contrario: prolongar la estancia de magistrados que, casualmente, han emitido resoluciones favorables para la 4T en momentos clave.
Porque esto no parece una reforma judicial. Parece un soborno institucionalizado.
Una especie de “gracias por los servicios prestados”. Un premio de lealtad. Un “ustedes sígannos ayudando y nosotros les extendemos la membresía VIP del poder”.
Lo más grotesco es que ni siquiera intentaron disimular. La reserva fue presentada de última hora, en pleno albazo legislativo, con el estilo clásico del morenismo parlamentario: fast track, madrugada, mayoría aplastante y la oposición gritando mientras el oficialismo aprieta el botón.
Y como toda adicción al poder necesitar más dosis, también aplazaron la elección judicial hasta 2028, acomodando el calendario político a conveniencia. Porque en Morena ya entendieron que las elecciones no son ejercicios democráticos: son piezas de ingeniería política.
A eso súmele la reforma para anular elecciones por supuesta “injerencia extranjera”, un concepto tan ambiguo que mañana podría servir para invalidar cualquier crítica incómoda, cualquier investigación periodística o cualquier organismo internacional que no le aplauda al régimen.
La lista de excesos crece todos los días:
Destruyeron al INAI porque la transparencia les estorba.
Colonizaron la CNDH porque los derechos humanos dejaron de importar cuando incomodan al gobierno.
Militarizaron al país mientras prometían regresarlo a los cuarteles.
Atacan periodistas desde Palacio Nacional y luego se victimizan cuando alguien responde.
Convirtieron las mañaneras en tribunales públicos donde se sentencia mediáticamente al adversario.
Presionan al Poder Judicial mientras colocan piezas afines en cada espacio disponible.
Y ahora pretenden eternizar magistrados electorales como si México fuera una franquicia política propiedad de Morena.
Lo verdaderamente preocupante no es sólo el exceso de poder. Es la naturalidad con la que lo ejercen. La absoluta ausencia de pudor democrático.
Porque todos los gobiernos sienten tentación autoritaria. Todos. Pero las democracias sobreviven gracias a los límites. Y en México esos límites están cayendo uno por uno, entre aplausos de fanáticos, propaganda oficial y legisladores obedientes que ya ni siquiera debaten: sólo ejecutan instrucciones.
Molotov tenía razón. Darle más poder al poder termina siendo más duro para el pueblo.
Pero aquí hay algo todavía peor: hay millones de mexicanos que siguen creyendo que esto no es concentración autoritaria, sino “profundización de la transformación”.
Hasta que un día descubran que las democracias no suelen morir con tanques en la calle.
A veces mueren entre aplausos.
Lic. Francisco Fernando Ruiz del Castillo
Cel. 6861363618
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