¿Preparados para un sismo devastador?
- FRANCISCO RODRÍGUEZ

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ÍNDICE POLÍTICO
FRANCISCO RODRÍGUEZ
En este 2026 primero fue en Venezuela. Esta semana, apenas, en Colombia. En Perú, con pocas horas de diferencia después del que provocó miedo, caos, muerte y destrucción en Cali, Pereira y Manizales.
El sismo provocó la muerte de ya casi 200 personas y decenas de edificios colapsaron o resultaron dañados. La agencia humanitaria de la ONU dijo que los informes preliminares indicaban que 1684 viviendas resultaron dañadas y 77 destruidas, y que 61 edificios se habían derrumbado. También indicó que cuatro carreteras estratégicas y cinco aeropuertos en la parte occidental de Colombia estaban totalmente cerrados.
Junto con Chile, la propia Colombia y Japón, México es territorio de alta sismicidad.
Los terremotos son científicamente imprevisibles, pero sí humanamente precavidos los daños que propician se reducen sustancialmente.
¿Está preparado el llamado “humanismo mexicano” para hacer frente a una situación producto de gobiernos adeptos al Foro de Sao Paulo que dejaron al descubierto a su población ante la contundencia de los fenómenos naturales?
Porque, casualmente, los territorios gobernados por Nicolás Maduro, primero, y por Gustavo Petro, después, dejaron a sus respectivos países con una mano atrás y otra adelante, lo que se observa ahora es que las nuevas autoridades colombianas, encabezadas por el recién estrenado Abelardo de la Espriella, carecen de los recursos físicos y materiales para auxiliar a la población damnificada?
Y repito: En el indeseable caso de que en nuestro país se repitieran terremotos como los de 1985 y el de 2017 ¿podría el reinecito de Cuarta… atender cuando menos lo indispensable?
Nadie lo cree posible.
El huracán Otis que prácticamente devastó la costa guerrerense, lo mismo que las lluvias en Poza Rica, son lamentables ejemplos que ya nos mostraron que sin FONDEN –recursos que AMLO dilapidó- los cuatroteros son del todo incapaces, pues además carecen del verdadero apoyo popular.
Claudia Sheinbaum, por cierto, pertenece a la misma corriente –muy corriente- en la que han militado Maduro y Petro.
Estamos, pues, a merced de la Madre Naturaleza.
2017, prueba superada
Ciudad de México es la tercera más grande del mundo y, potencialmente, una de las más explosivas de todas. En 2017 resistió un terremoto de 7.1 grados Richter –aunque la percepción generalizada es que se percibió como si hubiese sido del máximo, de 10– y, hoy puede decirse que CDMX salió indemne de este trago amargo.
Había gobierno federal y local.
Nada que ver con lo sucedido tras el sismo de 1985, replicado exactamente 32 años después.
Paradoja o, como bien solía decir el añorado Carlos Ferreyra, parajoda. Tras un simulacro, dos horas 14 minutos antes del sismo, ciudadanía y autoridades demostraron estar listos para una emergencia cual la sucedida.
Y la ciudad resistió. Pocas edificaciones sufrieron daños de consideración y mucho menos se colapsaron. Nada que ver, insisto, con lo sucedido hace poco más de tres décadas, cuando barrios enteros de la urbe prácticamente desaparecieron. Se revirtieron las laxitudes y las permisividades de antaño en materia de construcción.
La coordinación de las autoridades dio resultados inmediatos. Y ello evitó que la tragedia que hoy viven no pocas familias en Venezuela y nen Colombia aquí fuese aún mayor.
Contraste enorme, también, con los sucesos de 1985, cuando las autoridades locales y federales se escondieron y dejaron sola a la sociedad en el rescate de sus víctimas.
Lo más destacable, como siempre, la humanidad –me resisto a llamarle solidaridad, tras de que esta fue burocratizada– de quienes convivimos en la megaurbe. Personas de todas las condiciones sociales, edades, filiaciones, etc., en apoyo a las labores de rescate. Otros muchos más, dirigiendo el caótico tráfico vehicular y ayudando así a miles a llegar más pronto con sus familias.
Igual ahora con los hermanos del cono sur de nuestro continente. Ellos suplen lo que el Foro de Sao Paulo les arrebató.
En 2017 el sismo sucedió apenas tres días después de que el Jefe de Gobierno de CDMX, Miguel Ángel Mancera, rindiera un informe que, se comprobó, no se construyó sólo de palabras, sino de hechos.
Hoy sería imposible siquiera que Clara Brugada y Sheinbaum se coordinaran.
Están “del chongo”, como se dice popularmente.
¿Qué requerimos hoy?
El único espacio que queda para cualquier forma de gobierno será ejecutar inversiones en proyectos de gasto social, de ensanchamiento del mercado interno, de multiplicación del empleo, siquiera para intentar gobernabilidades mínimas.
Quien quiera seguir empeñándose en operar lo permisivo, lo que produzca comisiones, moche$ y prebendas, está tan condenado al repudio como los cuatroteros que están a punto de ser juzgados por la historia, de una manera cruel. Si antes no los juzgan en otra instancia menos decorosa y más demoledora: un tribunal estadounidense.
Necesitamos ya un Estado que cumpla con sus compromisos más apremiantes, que abandone las aventuras del engarce con extranjeros que sólo les infligen vergüenza y oprobio en desmedro de los mexicanos bien nacidos.
Un Estado que se dé y nos dé a respetar en el mundo entero.
Pero no. Tenemos un gobiernito que no ata ni desata.
Y por si fuera poco, nos avergüenza aquí y ante el mundo cada día más.
Indicios
Tras la extinciones de fideicomisos, la administración sustituyó el esquema del FONDEN por partidas presupuestales directas y la canalización de recursos prioritarios mediante censos de la Secretaría del Bienestar. La Secretaría de Hacienda mantiene vigentes instrumentos como la póliza de seguro catastrófico y los bonos también catastróficos del Banco Mundial para contar con liquidez ante un terremoto mayor. Pero especialistas advierten que la atención primaria a damnificados podría ser ágil, pero esto debido a la población que en estos lamentables casos actúa arriesgada y desprendida. La reconstrucción de obra pública ya es otra cosa. En las actuales circunstancias en las que las finanzas gubernamentales están en bancarrota –los intereses de la deuda consumen más casi el 70 por ciento de los ingreso- resultaría compleja porque hospitales, escuelas y carreteras pudieran verse afectados por la falta de un fondo de acumulación plurianual. * Agradezco que haya usted leído este Índice Político. Le deseo, como siempre, ¡buenas gracias y muchos, muchos días!
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