Más de Mujeres Que Hicieron Historia
- JORGE HERRERA VALENZUELA

- hace 4 días
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R Á F A G A
*“La Bandida” de Soldadera a Compositora
*La Madre Conchita en las Islas Marías
*Cristina Pacheco, Aquí Nos Tocó Vivir
JORGE HERRERA VALENZUELA
Cada día hay algo nuevo. Todos los días aprendemos algo. Nunca dejamos de conocer lo que nos rodea, por simple que sea. Se nos revelan nombres y de mujeres que están las páginas de la historia desconocida.
En la escuela nos hablan de algunas de las mujeres que participaron en la Etapa Precolonial, las pioneras del mestizaje al unirse con los españoles llegados antes del arribo de las huestes de Hernán Cortés.
Nos platicaron de las heroínas de la Independencia. Poco supimos de las acciones diplomáticas de Margarita Maza de Juárez, cónyuge del Benemérito de las Américas, de la activista política Sara Pérez Romero, esposa de Francisco I. Madero y de Cholita González Dávila, secretaría de Madero, Carranza, Obregón y Calles.
En este último miércoles de enero de 2026, narraré de dónde surgió el mote de “La Bandida”, quién fue Concepción Acevedo de la Llata, así como del casi medio siglo de Cristina Pacheco en el Canal 11 IPN.
MARINA, CONCHITA Y CRISTINA
Quienes pertenecen a la Tercera Edad y vivieron o aun residen en la Capital Mexicana, seguramente llegaron a escuchar que se hablaba de “La Bandida”, uniendo inmediatamente el nombre al de una mujer que regenteaba el más lujoso burdel o casa de citas, prostíbulo visitado por políticos, toreros, artistas, pintores y periodistas.
Años atrás, en los finales de la década de los veinte, México se cimbró al ser asesinado el presidente reelecto Álvaro Obregón. El principal autor del crimen, no el único, fue José León Toral. Con o sin pruebas, se hizo popular, como cómplice, La Madre Conchita, a quien el Procurador General de la República, Ezequiel Padilla, la tundió con calificativos despectivos. La mujer vivió 13 años en Las Islas Marías.
Me decía la maestra Adelina Zendejas, una toluqueña luchadora social, que admiraba mucho a su exalumna Cristina Romo Hernández, “porque ese es el nombre de soltera de Cristina Pacheco”. Con ambas tuve tratos en Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional. Cristina fue un verdadero pilar de esa televisora gubernamental fundada por el ingeniero Alejo Peralta.
¿QUIÉN “BAUTIZÓ” A LA BANDIDA?
Al escuchar las canciones “El Siete Leguas” y “La Enramada” en voz de tríos, de Lola Beltrán, Lucha Moreno, Pedro Infante o Luis Aguilar, se liga el nombre de Graciela Olmos, compositora de varios corridos y salta su apodo “La Bandida”.
Ese sobrenombre lo heredó de su esposo Jesús Hernández, a quien sus amigos le llamaban “El Bandido”. Vivían en la Hacienda San Diego, Casas Grandes, Chihuahua. Nació el 10 de diciembre de 1895 ella y fue bautizada con el nombre de Marina Ahedo. Murió como Graciela Olmos, el 31 de mayo de 1962.
Una verdadera novela es la vida de esta mujer, quien desde los doce años emprendió actividades desde soldadera en la Revolución Mexicana, voceadora en el Distrito Federal, traficante de alcohol en Chicago con Al Capone, intérprete de canciones mexicanas, compositora de corridos y excelente guitarrista, además de “empresaria” al administrar la más lujosa casa de citas en México.
El apodo de La Bandida se originó al morir su esposo José o Jesús Hernández, en la Batalla de Celaya, donde su jefe Pancho Villa fue derrotado por Álvaro Obregón. Los villistas lo apodaban El Bandido y ella se impuso ese apodo.
Marina y José se enamoraron cuando ella estaba viviendo con su hermano en un seminario de monjas en Irapuato. Las religiosas le dieron permiso para casarse, como condición para dejar el convento. Benjamín Ahedo se quedó y terminó la carrera de sacerdote, contraste con la vida de su hermana.
Ella se fue a radicar en Ciudad Juárez y ahí salió para Chicago. Era la época de la restricción de fabricación de bebidas alcohólicas y la mujer decidió internarse en Norteamérica, cambiándose de nombre, ahora sería Graciela Olmos.
Conoció y convivió con Al Capone, quien le pidió le cantara Cielito Lindo, La Cucaracha y La Adelita. Graciela tenía bonita voz y sabía las canciones de esos años revolucionarios en México.
Decidió retornar a México. Se cortó el cabello y vistió como hombre para escaparse. Ya era buscada por Los Intocables. Viajó hacia la frontera, llevando un maletín con sus ahorros de traficante de alcohol, ¡46,000 dólares!
Los escritores como Eduardo Muñuzuri, autor de una extensa narración en el libro La Bandida, señalan que los delincuentes integrantes de la temible Banda del Automóvil Gris, robaban en residencias de millonarios y luego regalaban o vendían las joyas y alhajas a las actrices de la época como María Conesa, La Gatita Blanca y a Mimí Derba. La Bandida las comercializaba.
La Bandida fue una mujer influyente. Contaba con la protección hasta de presidentes. En una ocasión, un jefe policíaco ordenó clausurar el exclusivo burdel y ese mismo funcionario recibió la orden de quitar los sellos y disculparse, personalmente, con la señora. Eran los días del Regente de Hierro, Ernesto P. Uruchurtu.
El final de Marina Ahedo o Graciela Olmos fue trágico. La encargada de un asilo para huérfanos, dio muerte a quien económicamente lo sostenía.
LA MADRE CONCHITA
Queretana de nacimiento y con vocación religiosa en el catolicismo, Concepción Acevedo de la Llata, con la oposición de su padre, en el revolucionario 1910 ingresó a la Orden de Las Capuchinas Sacramentarias y catorce años después era Madre Superiora en el Convento de las Hijas de María.
Hemos de saber que esta mujer participó en las reuniones que se celebraban en la casa ubicada en la calle de Chopo 133, en la Ciudad de México. Ahí se hablaba del Movimiento Cristero, relacionado con la llamada Guerra Cristera, en la época del presidente Plutarco Elías Calles.
Desde esos días Calles había ordenado que la vigilaran, lo que se convirtió en una persecución permanente. Conchita tuvo que cambiarse de domicilio con mucha frecuencia. En esas citas “conspiraban” para dar muerte a Obregón, a Calles y a un religioso de apellido Pérez, según informaba la policía.
Su vida habría de dar un vuelco radical. Festejaban al sonorense Álvaro Obregón, en el restaurante La Bombilla, en San Ángel, al Sur de la Capital Mexicana, cuando José de León Toral, haciéndose pasar como caricaturista, se aproximó a la mesa de honor e hizo disparos al cuerpo del Presidente Reelecto para el período 1928-1934. Iba a ser el primer sexenio gubernamental.
Los hechos ocurrieron el 17 de julio de 1928 y ese mismo día fue detenida la monja Concepción Acevedo de la Llata, bajo el cargo de ser la autora intelectual del crimen. Fue torturada y se le abrió proceso penal en la Cárcel de Belem.
Condenada a 40 años de prisión. De León Toral fue fusilado.
La Madre Conchita fue a parar con toda su humanidad al penal de Las Islas Marías, frente a las costas de Sinaloa. “La Tumba del Pacífico” la recibió el 14 de mayo de 1929. El general Francisco J. Mújica Velázquez, recalcitrante anticatólico, era el director.
Ese penal fue inaugurado en mayo de 1905, por decreto que firmó Porfirio Díaz. Desapareció el 30 de agosto de 1979. Esta convertido en un centro de atracción turística.
En 1932 La Madre Conchita obtuvo un período de libertad y retornó a su celda en 1934. En ese año se casó, en esa isla, con Carlos Castro Balde. No hubo privilegio alguno para los esposos y los separaron hasta 1940 en que ella quedó libre para siempre.
En la Revista Hoy, Conchita y Carlos fueron contratados para escribir, semanalmente, capítulos de lo sucedido en 1928. Tanto en México como en Madrid, España, se interesaron en que Conchita novelizara esa parte de su vida.
Jacobo Zabludowski la entrevistó en 1970 para Televisa. Cristina Pacheco, en 1973, publicó extensa entrevista con La Madre Conchita en la Revista Siempre!
Los restos de Concepción Acevedo de la Llata están en una tumba del Panteón Jardín, en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
En la carpa donde trabajaba el cómico Roberto “Panzón” hizo un esquecht, donde terminaba diciendo: “¡Quién mandó matar a Obregón? ¡Cálles..e!”.
CRISTINA PACHECO Y CANAL 11
En los estudios de Canal 11, fundado el 2 de marzo por el ingeniero Alejo Peralta, hay mucha historia de quienes impulsaron su desarrollo y de los personajes que atrajeron a cientos de televidentes de toda la República.
La extraordinaria periodista Cristina Pacheco es una de las figuras, de las estrellas, en la televisora del Instituto Politécnico Nacional. Fue comentarista en sus inicios y desde 1978 conquistó al auditorio con su programa Aquí Nos Tocó Vivir, cuyo contenido era revelador de los personajes que conforman la cultura y la sociedad mexicana.
Cristina presentó un mosaico de voces e imágenes, llegó hasta lugares poco visitados por la televisión y estuvo en rincones desconocidos por la mayoría de los televidentes. Escenas realistas, estrujantes, verdaderos análisis sociológicos en un periodismo que creó la joven nacida en San Felipe, Guanajuato, el 13 de septiembre de 1941.
En sus 47 años que permaneció en el Canal 11, Cristina Pacheco hizo programas que se convirtieron en auténticos iconos, como también lo fue Conversando Con Cristina Pacheco. Empezó en 1997 y terminó en diciembre de 2023, precisamente a unos días antes de fallecer la también colaboradora de la Revista Siempre!, columnista de los diarios El Popular y Novedades, así como de la Revista de la UNAM. Tuvo programas en la XEW y en la XEQ.
Durante las 27 temporadas que abarcó esa serie, Cristina tuvo a celebridades de la música, de la literatura, de las artes plásticas, a científicos, cantantes y colegas periodistas. En las conservaciones referían sueños y pasiones, triunfos y fracasos.
Recibió premios nacionales y reconocimientos como el Rosario Castellanos y el Bellas Artes en Literatura.
Estuvo casada con el galardonado escritor José Emilio Pacheco Berny. Fueron padres de Laura y Emilia.
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