Monreal y la democracia de utilería
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

- hace 1 día
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Algo Cada Día
Fernando Ruiz del Castilllo
Mientras México sigue atrapado en la discusión sobre la infiltración del crimen organizado en campañas y gobiernos locales desde 2018, en Morena decidieron mirar hacia otro lado. Ahora la nueva amenaza para la democracia mexicana —según Ricardo Monreal— resulta ser la “injerencia extranjera”.
Qué conveniente.
El coordinador de Morena en la Cámara de Diputados presentó una iniciativa para anular elecciones cuando exista intervención de gobiernos, organizaciones o agentes extranjeros en un proceso electoral. La propuesta pretende reformar el artículo 41 constitucional y ampliar las causales de nulidad electoral. Incluso contempla propaganda internacional, campañas de desinformación digital, presión diplomática o mediática y financiamiento extranjero como elementos suficientes para invalidar una elección.
En teoría, la propuesta tiene aspectos razonables. Ningún país serio puede permitir financiamiento extranjero ilegal, operaciones digitales internacionales o manipulación externa de sus procesos democráticos. Lo vimos en Estados Unidos, Rumania o Ucrania, ejemplos que el propio Monreal cita para justificar la reforma.
Hasta ahí, el argumento podría sonar institucional.
El problema aparece cuando se revisa el contexto político mexicano y, sobre todo, quién impulsa la reforma.
Porque mientras Morena se dice preocupado por “la soberanía electoral”, el país acumula señalamientos nacionales e internacionales sobre la intervención del crimen organizado en campañas locales, alcaldías, gubernaturas y estructuras territoriales. Ahí no hubo prisa legislativa. Ahí no aparecieron las iniciativas urgentes de Monreal. Ahí el oficialismo prefirió hablar de “casos aislados”, minimizar denuncias o acusar conspiraciones mediáticas.
Resulta curioso que el “injerencismo” extranjero les quite hoy el sueño, pero el injerencismo criminal no.
Más aún cuando la iniciativa abre la puerta a una peligrosa elasticidad jurídica. Expertos electorales ya advirtieron que el concepto es demasiado amplio y ambiguo. ¿Qué constituye exactamente intervención extranjera? ¿Una campaña digital desde servidores fuera de México? ¿Un posicionamiento de un medio internacional? ¿Una organización civil financiada desde el exterior? ¿Una entrevista con medios estadounidenses? ¿Una declaración de un funcionario norteamericano sobre seguridad o migración?
La frontera entre defensa de la soberanía y persecución política puede volverse peligrosamente delgada.
Y ahí es donde entra el verdadero trasfondo político.
Porque Morena no está impulsando esta reforma en un escenario neutral. Lo hace teniendo control político del Congreso, influencia determinante en el INE y un Tribunal Electoral cuya independencia es cada vez más cuestionada por la oposición y amplios sectores ciudadanos. En ese contexto, la iniciativa parece menos un blindaje democrático y más un seguro electoral de última instancia.
Traducido al español coloquial: si no ganan en las urnas, ganarán en la mesa.
No es casualidad que estados fronterizos como Chihuahua aparezcan inmediatamente en el radar político. Basta imaginar una elección cerrada, una campaña con cobertura mediática estadounidense, declaraciones de funcionarios de Texas sobre seguridad o migración, publicaciones digitales desde el extranjero o financiamiento indirecto de organizaciones binacionales.
Con esta reforma, cualquier narrativa podría convertirse en argumento jurídico para judicializar la elección.
Y cuando las diferencias electorales sean menores al cinco por ciento, la propia iniciativa facilita presumir que la supuesta intervención fue determinante.
Es decir: la sospecha podría terminar pesando más que la prueba plena.
Ricardo Monreal, experto sobreviviente de todas las etapas del poder mexicano, vuelve a mostrar su extraordinaria capacidad de adaptación ideológica. El viejo operador priista, luego perredista, después obradorista y ahora ferviente soldado del “segundo piso”, parece haber entendido perfectamente el nuevo idioma político de Palacio Nacional: lealtad absoluta, discurso soberanista y disposición para construir herramientas de control político disfrazadas de reformas democráticas.
El zacatecano sabe leer el viento. Y hoy el viento sopla hacia la complacencia presidencial.
Por eso no sorprende que Claudia Sheinbaum ya haya respaldado públicamente la iniciativa.
Lo preocupante no es sólo la reforma. Lo verdaderamente inquietante es el precedente: normalizar que una elección pueda anularse bajo conceptos tan interpretables en un país profundamente polarizado y con instituciones electorales bajo presión política permanente.
Porque cuando el poder empieza a definir discrecionalmente qué voces son legítimas y cuáles constituyen “injerencia”, la democracia deja de depender de los votos y comienza a depender de quien controle el árbitro.
Y eso, históricamente, nunca termina bien.
Lic. Francisco Fernando Ruiz del Castillo
Cel. 6861363618
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