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La reunión urgente… que no era urgente

  • Foto del escritor: FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO
    FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO
  • hace 6 horas
  • 3 Min. de lectura

Algo Cada Día


Fernando Ruiz del Castillo

 

En política hay convocatorias que buscan informar, otras que buscan ordenar y algunas más que, sin quererlo, terminan revelando más de lo que pretenden ocultar. La reunión “urgente” convocada esta semana por la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda en Tijuana pertenece a esa última categoría.


El documento circuló con todos los ingredientes de una alarma política: reunión presencial, convocatoria amplia a diputadas, diputados, senadores y alcaldes de Baja California, y una frase que en el lenguaje del poder siempre levanta cejas: la asistencia era “indispensable”.


Cuando se usa ese término, cualquiera con algunas canas en la política entiende que algo importante está por ocurrir.


O eso parecía.


Porque después de horas de especulación, rumores y lecturas entre líneas, la reunión finalmente se realizó… y no ocurrió absolutamente nada extraordinario.

Al menos no oficialmente. El mensaje fue sencillo: unidad, cierre de filas y la mirada puesta en el proceso electoral de 2027.


Nada más.


Ni anuncio político, ni movimiento institucional, ni señales de crisis. Sólo el clásico llamado a fortalecer el proyecto político en el estado. Un mensaje perfectamente válido, por supuesto, pero que difícilmente explica por qué era necesario convocar con tanta premura a prácticamente todo el sistema político estatal.


La explicación oficial llegó tarde y, para variar, llegó mal.


Horas después de que los rumores sobre una posible renuncia o solicitud de licencia de la gobernadora se multiplicaran en redes sociales y corrillos políticos, el equipo de comunicación del gobierno estatal finalmente reaccionó. Lo hizo a través de un comunicado del área encabezada por Jesús López Romandía, quien aseguró que la reunión ya estaba programada con anterioridad.


Una versión que, por decirlo con amabilidad, se desmorona con facilidad.


Si la reunión estaba planeada desde antes, resulta extraño que varios de los actores políticos convocados simplemente no aparecieran. Entre ellos la senadora Julieta Ramírez Padilla, una de las figuras más visibles de Morena en el estado, o el alcalde de Tecate, Román Cota. Vaya, ni la dirigente de Morena, Rosina del Villar, se presentó. Ausencias que difícilmente se explican en un encuentro supuestamente programado con tiempo y considerado “indispensable”.


En política las palabras importan, pero los hechos pesan más.


Y lo cierto es que la reacción del área de comunicación social volvió a exhibir un problema que el gobierno estatal arrastra desde hace tiempo: la incapacidad para anticiparse a las crisis narrativas. En la era de la hiperconectividad política, las especulaciones no esperan a que llegue el comunicado oficial; se multiplican en minutos. Y cuando la respuesta institucional llega tarde, lo único que logra es confirmar que alguien llegó tarde a apagar el incendio.


No era la primera vez.


Durante varias horas, la conversación pública giró en torno a versiones sobre presiones externas, investigaciones en Estados Unidos y la posibilidad de una eventual licencia de la gobernadora. Nada de eso fue confirmado, por supuesto, pero el vacío informativo permitió que el rumor se convirtiera en protagonista. Y los vacíos se llenan, aunque moleste a los políticos.


Al final, la reunión terminó siendo lo que el gobierno dice que siempre fue: un encuentro para reforzar la unidad política con rumbo a 2027.


Perfecto.


El problema es que en política no sólo importa lo que ocurre dentro de la sala de reuniones, sino lo que ocurre fuera de ella. Y afuera, durante varias horas, el silencio institucional permitió que el vacío se llenara de especulaciones.


La lección es sencilla. Cuando una convocatoria se anuncia como urgente y con asistencia indispensable, el gobierno tiene dos opciones: explicar con claridad desde el principio o prepararse para que otros expliquen por él.


Esta vez ocurrió lo segundo.


Y así, lo que pudo haber sido una reunión rutinaria de coordinación política terminó convertida —al menos por unas horas— en el episodio perfecto para recordar que, en política, a veces, los rumores no nacen de lo que se dice, sino de lo que se tarda demasiado en aclarar.

 

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