Indignación mal asesorada
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

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Algo Cada Día
Fernando Ruiz del Castillo
A veces, en política, el problema no es el señalamiento. Es la reacción.
La escena reciente de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda frente a los cuestionamientos por observaciones de la Auditoría Superior de la Federación deja precisamente esa impresión: una molestia evidente que terminó pesando más que la explicación.
Molesta. Indignada. Ofendida.
Y, por momentos, atropellada.
Porque lo que parecía una oportunidad para aclarar terminó convertido en una respuesta emocional, con esa palabra que se repite como escudo discursivo: “falso”. Una fórmula, imitación burda, que ya es parte del repertorio político de la llamada narrativa oficial y que inevitablemente remite al estilo que ha marcado la presidenta Claudia Sheinbaum.
Pero más allá de la expresión, hay un detalle que explica —o debería explicar— por qué la reacción de la gobernadora resultó desproporcionada.
Salvo tres o cuatro medios emergentes que retomaron la postura del gobierno estatal, la mayoría de los medios no señaló directamente al Ejecutivo estatal. Lo que publicaron, con claridad, fue que las irregularidades detectadas corresponden al estado de Baja California.
Es decir, al conjunto de entes públicos que operan en la entidad. Y en ese universo, buena parte de las observaciones se ubican en los municipios.
Municipios que, por cierto, comparten el mismo signo político.
Pero el matiz se perdió.
O peor aún: nunca llegó a la mesa de la gobernadora.
Y eso abre una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿qué información le están entregando sus asesores?
Porque cuando una mandataria reacciona con ese nivel de irritación frente a algo que, con una tarjeta informativa completa, pudo haberse explicado en dos minutos, algo está fallando en el circuito interno del gobierno.
O no le están enviando análisis claros.
O se los están enviando incompletos.
O, en el peor de los casos, se los están presentando tergiversados.
Cualquiera de las tres opciones es preocupante.
Porque gobernar también implica procesar información antes de reaccionar públicamente. Y cuando eso no ocurre, la indignación deja de ser política y se vuelve administrativa.
Un problema de gabinete.
La paradoja es que la explicación era sencilla: las observaciones por más de 700 millones de pesos corresponden principalmente a irregularidades administrativas detectadas en distintos entes del estado, particularmente en municipios. No era necesario elevar el tono, ni convertir la conferencia en un momento de confrontación, ni sugerir la creación de una versión local del ya conocido mecanismo para exhibir “mentiras”.
Bastaba con precisar.
Pero la precisión nunca llegó. Llegó la molestia.
Y en política, la molestia pública de un gobernante suele decir más de su equipo que de sus críticos.
Porque si algo quedó claro en este episodio es que el problema no fue la auditoría, ni siquiera la cobertura mediática. Fue la lectura interna del tema. Esa que, aparentemente, no alcanzó a distinguir entre una observación institucional al conjunto del estado y una acusación directa al Ejecutivo.
El resultado fue una reacción que terminó amplificando el tema que pretendía desactivar.
Hay algo que los buenos equipos de comunicación política entienden muy bien: antes de que hable el gobernante, alguien ya debió haber leído todo, comparado versiones, revisado titulares, anticipado preguntas y preparado respuestas.
Ese trabajo —el silencioso, el que no se ve— es el que evita escenas incómodas.
Cuando no se hace, pasan estas cosas.
Y entonces el problema ya no es la auditoría.
Es la asesoría.
Porque la gobernadora puede molestarse con los medios, con los señalamientos o con la oposición. Pero si la información que llega a su escritorio no está completa, el riesgo es mayor: reaccionar a medias, indignarse por reflejo y terminar defendiendo algo que ni siquiera estaba siendo señalado de la forma en que se le dijo.
La política, al final, también es un asunto de lectura fina.
Y esta vez, alguien leyó mal. O informó peor. O decidió que la indignación era suficiente.
Claramente, no lo fue.
Lic. Francisco Fernando Ruiz del Castillo
@Encuentro29
@ferruzcas
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