HEREDAD DE MORENA MENTIRAS, ROBOS, TRAICIONES Y MUERTOS

Eduardo Sadot
A estas alturas, a los miembros de MORENA, comenzando por su fundador, les resulta cada vez más difícil sostener los principios, ideales y aspiraciones con los que justificaron su nacimiento y llegaron al poder.
El discurso de honestidad y superioridad moral se enfrenta hoy a una realidad que obliga a cuestionar el verdadero rostro del movimiento y de quienes lo encabezan.
Las denuncias de corrupción, los desfalcos al erario, las mentiras y las complicidades con la delincuencia que se señalan desde distintos ámbitos han puesto en entredicho aquella promesa de transformación.
Durante los gobiernos de MORENA se han conocido investigaciones periodísticas, auditorías y denuncias sobre presuntas irregularidades que comprometen recursos públicos y la confianza ciudadana.
SEGALMEX se convirtió en uno de los casos más emblemáticos, con observaciones de la Auditoría Superior de la Federación por operaciones irregulares y recursos pendientes de aclaración. A ello se suman cuestionamientos sobre contratos públicos, posibles conflictos de interés y tráfico de influencias relacionados con personas cercanas al poder, incluso en proyectos prioritarios como el Tren Maya.
También se han denunciado compras de insumos médicos a sobreprecio, irregularidades en el sector salud, redes de comercio ilegal de combustibles y evasión fiscal.
En el ámbito administrativo se han señalado retenciones indebidas de salarios de trabajadores públicos con presuntos fines partidistas, así como inconsistencias en el manejo de bienes incautados.
La ostentación de bienes y los cuestionamientos patrimoniales de algunos militantes y legisladores contrastan, además, con la austeridad que el propio movimiento convirtió en bandera política.
No se trata de confundir una denuncia con una sentencia ni una observación de auditoría con una responsabilidad penal acreditada. Se trata de reconocer que la acumulación de señalamientos exige investigaciones independientes, explicaciones públicas y consecuencias cuando las responsabilidades se comprueben.
Precisamente eso es lo que debería distinguir a un gobierno que prometió acabar con la corrupción y no reproducir las prácticas que tanto reprochó a sus antecesores.
Desde 2018, la honestidad y la austeridad republicana fueron presentadas como los pilares de una transformación que aseguraba haber dejado atrás los vicios del pasado.
Sin embargo, la fiscalización de los recursos públicos, las investigaciones sobre posibles conflictos de interés y las resoluciones administrativas relacionadas con omisiones patrimoniales han abierto cuestionamientos sobre la voluntad institucional para investigar también a quienes forman parte del oficialismo.
Cuando las instituciones encargadas de vigilar, investigar y sancionar no ofrecen resultados convincentes, la sospecha de protección política se convierte en un problema de credibilidad pública.
¿Quién responde por los recursos desviados, por las mentiras, por los abusos y por las complicidades que han permitido que la impunidad se extienda?
¿Quién va a devolverle a los mexicanos lo que se perdió mientras quienes prometieron honestidad se escudaban en su discurso de transformación?
¿Con qué autoridad moral pretenden seguir gobernando quienes no pudieron cumplir sus propias promesas?
El tiempo de las explicaciones y las promesas se agotó; el daño está hecho y no se corrige con discursos ni con nuevas consignas.
La historia ya no les ofrece otra oportunidad: deben responder por sus actos y hacerse a un lado.
MORENA tuvo el poder y tuvo su oportunidad; si convirtió sus promesas en una herencia de mentiras, robos, traiciones y vidas humanas que no regresan, deben responder ante los mexicanos.
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*El contenido de esta colaboración, es responsabilidad exclusiva de quien la escribe.

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