Entre el atarantado y la ocurrente
- EDGAR HERNÁNDEZ

- hace 3 días
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@LíneaCaliente
Edgar Hernández*
Veracruz ha vivido tiempos difíciles, pero no tantos como los que trajo la plaga de Morena a partir de 2018 con la llegada del atarantado Cuitláhuac García y en 2024 con Rocío Nahle, quienes destrozaron el arte de la política para transformarlo en una cascada de ocurrencias, malos modos y sospechas, serias sospechas de corrupción.
Ya mal, muy mal, nos fue con la legitimación de la miseria tras el arribo de la Cuarta Transformación como para quedar enfrascados en un torbellino de desatinos disfrazados de buen gobierno.
A la vuelta de un año queda claro que cuando se está en último lugar en la aceptación ciudadana no solo en Veracruz, sino a nivel nacional, es que quien está al frente de las instituciones no se sabe lo que es la gobernabilidad ni para qué sirve.
No se pueden dirigir los destinos de Veracruz, equivalente a un país, con trampas y retruques, menos con golpes efectistas o escenográficos a menudo utilizados en ruedas de prensa o conversaciones públicas para demostrar quién manda.
Imposible dar crédito al “¡Nos ayudan muchísimo los colaboradores!” cuando es la obligación del servidor público y de poca utilidad en favor de la legitimación lo representa el regaño público a funcionarios o tratar como mozo de estoque -Mussio lo califica de “Conserje”- a Ricardo Ahued, quien de manera indigna y con la cabeza gacha desempeña labores indignas a su cargo.
Que se recuerde la Secretaría de Gobierno de siempre fue el mando firme, el respeto a la gobernabilidad, el peso de la conducción política, el equilibrio de la pluralidad, la antesala de la gubernatura.
Hoy no es nada.
Para gobernar, en un marco de desencuentros o desánimo social, no se necesita llamar “buitres y carroñeros” a los periodistas “a quienes no estoy para darles contentillo”, ya que ello demuestra cero tolerancia e incapacidad para llevar las riendas de un gobierno saqueado de cara a una ciudadanía humillada.
La política es un arte que no es para improvisadas que hacen de la ineptitud una virtud.
Ese describir el desbordamiento del río Cazones como "ligero" o "poquito” cuando en los hechos dejó 37 muertos y 200 mil damnificados es una burleta que solo le ganó insultos a la presidenta Sheinbaum cuando fue a Poza Rica a visitar a los caídos.
E imposible dar crédito al “creo que le dio un infarto” a la sexagenaria Irma Hernández Cruz, secuestrada y ultimada por el crimen organizado “¡nos guste o no!”.
Las de Nahle son verdaderas joyas como aquella de presumir la disminución de la deuda pública cuando solo fue dispensa presidencial a los rezagos de adeudos -se liquidó el 100% con el SAT por 30 mil millones y se redujo al 50% la deuda con el ISSSTE- sin que Finanzas del estado desembolsara un clavo.
Acaso por ello resulta imposible aceptar el alza en el transporte público para horas después ante el creciente descontento ciudadano salir a justificarse con que “las tarifas solo aplican a Xalapa no a todo el estado”.
¿Y qué decir de la corrupción en las Secretarias del Salud, UPAV, SEV y Seguridad Pública o aplaudir al “Bachetón” como la solución a la vialidad cuando tan solo en el puerto de Veracruz se acaba de anunciar un programa inicial de reparación de 65 mil baches?
¿Y el paraje lunar en Xalapa, Minatitlán, Coatzacoalcos y todo el norte y centro del estado?
La realidad es que en Veracruz, al igual que el gobierno, estamos en un bache en donde resulta poco cierto que estén embodegadas 7 millones de medicinas listas para repartir en las ridículas "Camionetitas de la Salud" que ya quisiera la federación para salir del broncón en que nos metió el Pejelagarto desde hace ocho años.
Las acciones del gobierno de Nahle son tan solo pinceladas del infortunio de un gobierno que se incendia todos los días y en donde el arte de la política se convirtió en el modo del berrinche.
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
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