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El silencio también se compra 

Foto del escritor: FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO
FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO
hace 23 horas
3 min de lectura

Algo Cada Día


Fernando Ruiz del Castillo

 

De nueva cuenta, el nombre de Marina del Pilar Ávila aparece en un audio. Y de nueva cuenta, la respuesta en Baja California parece ser la misma: silencio.


Ahora resulta que Amílcar Olán, el empresario señalado como cercano a Andy y Bobby López Beltrán y vinculado periodísticamente a la llamada red de “El Clan”, asegura en una grabación difundida por Carlos Loret de Mola en Latinus que entregó dinero para la campaña de Marina del Pilar a la gubernatura de Baja California en 2021.


No es poca cosa.


Tampoco significa, por sí solo, que la gobernadora haya cometido un delito. Eso corresponde determinarlo a las autoridades competentes después de investigar. Pero precisamente ahí está el problema: ¿quién va a investigar?


Porque en Baja California la noticia cayó como piedra en un estanque de aceite.


Salvo algunos medios independientes y las redes sociales, el asunto no provocó precisamente una estampida de periodistas, conductores, columnistas y opinadores preguntando de dónde salió el dinero, cuánto fue, cómo se entregó, quién lo recibió y, sobre todo, si ese dinero fue reportado ante las autoridades electorales.


Nada.


Silencio casi sepulcral.


Y uno empieza a entender por qué.


Desde hace años, la Comunicación Social del Gobierno del Estado se ha convertido en mucho más que una oficina para informar a los ciudadanos. Diversos reportes periodísticos han documentado el crecimiento de la publicidad oficial, la concentración de contratos y el papel de Ariel Lizárraga en la estrategia de comunicación del gobierno marinista. En 2022, por ejemplo, se documentaron contratos publicitarios por más de 97 millones de pesos, frente a una autorización presupuestal de poco más de 39 millones.


Pero seguramente todo es una desafortunada coincidencia.


También debe ser coincidencia que ahora Lizárraga vuelva a tener una presencia cada vez más visible en la operación política y mediática del gobierno.


Y seguramente será otra coincidencia que algunos medios descubran una extraordinaria sordera cuando la información incomoda al poder.


Porque hay una fórmula muy sencilla para controlar la prensa sin necesidad de censurarla: “no hay que cerrar periódicos; basta con abrir la chequera”.


Así, el gobierno no necesita decirle a un medio qué publicar.


Sólo necesita recordarle quién paga.


Y cuando llega un escándalo como éste, la maquinaria funciona maravillosamente: unos callan, otros minimizan, algunos esperan instrucciones y los más disciplinados seguramente preguntan si ya pueden publicar.


Eso sí: todos pueden presumir de libertad de expresión. Y cada 7 de junio, se toman la foto con el gobernador o la gobernadora en turno, para confirmarlo.

Qué maravilla.


El audio de Olán, además, llega cuando Morena intenta vendernos la idea de que sus campañas son ejemplo de pureza democrática. Pero si lo dicho en la grabación es verdadero, estaríamos ante algo mucho más serio que un simple chisme político.


El propio INE establece reglas sobre el origen de los recursos privados y obliga a transparentar ingresos y gastos de campaña. Además, prohíbe aportaciones de determinadas personas y entidades, entre ellas las personas morales, y exige que el dinero utilizado en campaña pueda ser identificado y fiscalizado.


Por eso la pregunta no debería ser si el audio le gusta o no a Marina del Pilar.


La pregunta es otra:


¿Es cierto que Amílcar Olán entregó dinero para financiar su campaña?


Y si lo fue, ¿cuánto?, ¿por qué vía?, ¿a quién?, ¿quién lo recibió?, ¿cómo se registró?, ¿apareció en la contabilidad electoral?


Y si no fue cierto, entonces la gobernadora tiene una oportunidad magnífica para demostrarlo.


Que explique.


Que presente documentos.


Que pida una investigación.


Que abra las cuentas.


Porque si todo es falso, debería ser la primera interesada en demostrarlo.


Pero si la estrategia vuelve a ser la de siempre -negar, minimizar, desacreditar al periodista y esperar a que llegue la siguiente noticia- entonces habrá que preguntarse si el problema no es el audio.


Tal vez el problema sea que ya nos acostumbramos al silencio.


Y mientras tanto, en Baja California, el dinero sigue haciendo milagros.


Compra publicidad.


Compra silencios.


Compra lealtades.


Y hasta parece comprar memoria.


Lo único que todavía no puede comprar es que un audio deje de existir.


Está publicado.


Está circulando.


Y tarde o temprano alguien tendrá que explicar qué hay detrás de él.


Porque una cosa es gobernar.


Y otra, muy distinta, gobernar creyendo que también se puede administrar la verdad.

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