El gran casting de Morena
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

- 22 jun
- 3 min de lectura
Algo cada Día
Fernando Ruiz del Castillo
Este lunes, el World Trade Center de la Ciudad de México dejará por unas horas su vocación empresarial para convertirse en una gigantesca oficialía de partes de Morena. Ahí comenzará el registro de quienes, movidos únicamente por un “profundo espíritu de servicio y un conmovedor deseo de sacrificio personal”, aspiran a convertirse primero en Coordinadores de quién sabe exactamente qué cosa, para después transformarse, por obra y gracia de las encuestas celestiales, en candidatos a gobernador de Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur y Campeche.
Por Baja California la lista ya es conocida. No hay misterio. Están, primero las damas, la diputada Eva Moreno y la senadora con licencia Julieta Ramírez Padilla. También aparecen el senador Armando Ayala, el diputado Fernando Castro Trenti, el exsecretario general de Gobierno Alfredo Álvarez, el alcalde con licencia de Tijuana Ismael Burgueño y el exdelegado del Bienestar, Jesús Alejandro Ruiz Uribe.
Son los mismos nombres que durante meses han recorrido espectaculares, redes sociales, entrevistas, reuniones vecinales, inauguraciones, desayunos, comidas, cenas y cualquier evento donde hubiera una cámara disponible.
Algunos con prudencia. Otros con la discreción de un mariachi tocando trompeta en una biblioteca.
Y aunque oficialmente se habla de un proceso democrático, participativo, abierto y transparente, la realidad es que pocos dentro de Morena parecen creer semejante relato. Porque podrán registrarse veinte, treinta o cincuenta aspirantes, pero todos saben que la decisión final difícilmente surgirá de las bases, de la militancia o de las famosas encuestas cuya metodología permanece más protegida que los secretos nucleares de una potencia mundial.
No nos engañemos.
En Morena las encuestas suelen funcionar como las actas de una boda: llegan después de que la decisión ya fue tomada.
Por eso resulta enternecedor observar a algunos aspirantes recorriendo el estado como si cada volante repartido, cada fotografía publicada o cada espectacular colocado pudiera modificar un desenlace que muchos consideran definido desde mucho antes de abrir la convocatoria.
Y mientras algunos han optado por mantener cierto nivel de prudencia, otros -y sobre todo otras- parecen convencidos de que cuentan con el respaldo suficiente para actuar como candidatas en funciones sin ser todavía candidatas de nada.
Basta abrir redes sociales para encontrar campañas permanentes disfrazadas de informes, actividades institucionales convertidas en promoción personal y una avalancha de publicaciones destinadas a demostrar una cercanía con el pueblo más falsa que un billete de seis dólares.
Para no mencionar nombres ni apellidos, pensemos simplemente en alguien cuyo nombre comienza con J, seguido de Julieta, y cuyos apellidos empiezan con R de Ramírez y P de Padilla.
Pero seguramente se trata de una simple coincidencia.
Lo verdaderamente notable es la serenidad con la que las autoridades electorales contemplan este fenómeno. Observan espectaculares, promociones personalizadas, campañas digitales masivas y posicionamientos anticipados con una tranquilidad admirable. Una capacidad de concentración zen que les permite no ver absolutamente nada.
Y así llegaremos al registro.
Habrá discursos sobre la democracia interna. Se hablará de la voluntad de las bases. Se exaltará la participación ciudadana. Se insistirá en que el pueblo decidirá.
Y mientras tanto, en algún despacho de Palacio Nacional, muy lejos de las mesas de registro y de las porras organizadas, probablemente se encuentre la única opinión que realmente importa.
Porque en política no hay sorpresas.
Hay sorprendidos.
Y cuando finalmente se anuncie el nombre de la persona favorecida por el destino, por las circunstancias, por la historia, por la transformación o por cualquier explicación que se elija para justificar lo inevitable, muchos descubrirán que el costoso recorrido de los últimos meses sirvió exactamente para lo mismo que una consulta sobre el color del paraguas cuando ya empezó el aguacero.
Pero no adelantemos vísperas.
Apenas inicia el gran casting.
Ya habrá tiempo para analizar perfiles, trayectorias, fortalezas, debilidades, alianzas, padrinazgos y facturas pendientes.
Por ahora, Morena se prepara para escenificar otro de sus célebres ejercicios de democracia interna: esos procesos donde todos participan, todos compiten, todos sonríen para la fotografía... y casi todos conocen de antemano el final de la película.
Lic. Francisco Fernando Ruiz del Castillo
Cel. 6861363618
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