“El continente de los espejos rotos”

*América Latina y su crisis de representación partidaria en torno al aniversario de la COPPPAL
Katya Ortega
“El espejo mágico donde siempre me veía igual se ha roto, y en cada fragmento fatal sólo veo un pedazo de mí.”
*Fernando Pessoa
La superstición popular dice que romper un espejo trae siete años de mala suerte.
Aunque en el imaginario colectivo América Latina suele aparecer como una sola unida por historias y heridas compartidas, la realidad es mucho más compleja.
Es un espejo roto que lleva mucho más tiempo tratando de cambiar esa mala suerte, intentando reconocerse, encontrarse entre los pedazos y entender las grietas que atraviesan su reflejo.
Fernando Pessoa no hablaba de un continente cuando imaginó aquel espejo roto.
En Lisbon Revisited (1926) regresaba con la memoria a Lisboa y se enfrentaba a una pregunta mucho más íntima: si quien volvía a contemplarla seguía siendo realmente el mismo que alguna vez había vivido allí.
El espejo no se había roto en realidad ni había dejado de reflejar. Se había “roto” porque el hombre que lo miraba ya no conseguía reconocerse en él.
Tal vez a América Latina le ocurre algo parecido.
La región nunca ha sido un bloque uniforme. Sus países comparten historia, cultura y cicatrices, pero también profundas diferencias políticas.
Cada nación se contempla en su propio fragmento.
Sin embargo, basta alejarse unos pasos para descubrir que muchas de las grietas se comunican.
La desigualdad cambia de rostro, la polarización adopta distintos colores y los gobiernos cambian, sí, pero detrás de todo aparece una pregunta que trastoca a todo el espejo:
¿Qué nos representa realmente?
Quizá precisamente por eso, hace 47 años, algunos de esos fragmentos decidieron intentar encontrarse.
En 1979, América Latina ya estaba fragmentada, aunque las grietas tenían otro origen.
La Guerra Fría y las dictaduras atravesaban un continente que apenas comenzaba a imaginar nuevas transiciones democráticas.
Fue en ese escenario cuando, el 12 de octubre de 1979, nació en Oaxaca la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe: la COPPPAL.
No nació para conseguir que todos pensaran igual.
Eso habría sido imposible. Quizá tampoco deseable.
Nació para que fuerzas políticas distintas pudieran reconocerse como partes de una misma región y conservar espacios de diálogo a pesar de sus diferencias.
Juntar fragmentos sin borrar las líneas que los separaban.
Cuarenta y siete años después, el espejo es otro y existe, además, una grieta diferente.
Ya no sólo la que separa a izquierdas de derechas, a gobiernos de oposiciones o a un país de otro.
Hay momentos en los que una sociedad observa sus instituciones, sus gobiernos y sus partidos y descubre que el reflejo ya no la representa.
Cuando una sociedad observa a quienes hablan en su nombre y ya no encuentra su propia imagen, el problema deja de pertenecer solamente a un partido.
Comienza a pertenecer a la democracia.
Quizá allí se encuentre una de las fracturas más profundas del espejo latinoamericano: la distancia entre las instituciones y aquellos en cuyo nombre existen: los ciudadanos.
Hoy, con la tecnología en el bolsillo, un ciudadano puede organizarse, protestar, denunciar, cuestionar al poder, defender una causa o participar del debate público sin haber pisado jamás la sede de un partido político.
La propia COPPPAL puso nombre al problema en mayo de este año: una “crisis estructural de representación”. Desde ahí abrió una discusión sobre modernización partidaria y nuevas vías para reconectar a los partidos con una ciudadanía que demanda respuestas distintas.
Es que reparar el espejo no significa colocar cada fragmento exactamente donde estaba antes.
A veces significa aceptar que la imagen cambió.
Y es frente a esa nueva grieta donde aparece Alejandro Moreno Cárdenas.
Hoy preside la COPPPAL y encabeza un nuevo periodo al frente del organismo rumbo a 2030.
En mayo convocó desde la organización a discutir la modernización de los partidos y la necesidad de encontrar mecanismos de reconexión con la sociedad. Y este 12 de octubre, con motivo del aniversario número 47, anunció la conclusión del documento América Latina y el Caribe Frente a los Actuales Desafíos de la Gobernabilidad Democrática.
Y quizá ahí comienza la pregunta verdaderamente importante:
¿Cómo conseguir que los partidos sigan siendo relevantes?
Porque hay una enorme diferencia entre existir y representar.
Un partido puede competir, ganar y gobernar.
Y, aun así, perder algo mucho más difícil de recuperar: la capacidad de convertirse en reflejo.
Porque modernizar los partidos no significa simplemente cambiar un logotipo, rejuvenecer una candidatura o aprender a utilizar una nueva red social.
Significa preguntarse para qué existen.
Y, sobre todo, para quién.
Dentro de México, Alejandro Moreno inevitablemente se mira a través del prisma de nuestras propias disputas partidistas.
Desde la COPPPAL, el ángulo es distinto.
Ahí su trabajo lo obliga a mirar más allá de las fronteras mexicanas, dialogar con organizaciones de otros países y observar problemas que cambian de nombre y de color, pero cuyas grietas muchas veces se parecen.
Presidir un organismo así exige, de alguna manera, aprender a mirar más de un reflejo al mismo tiempo.
La América Latina de 2026 no es aquella que vio nacer a la COPPPAL.
Tampoco tendría sentido intentar reconstruir exactamente el mismo espejo.
El desafío para espacios como éste es otro: conservar la posibilidad de que las diferencias puedan reconocerse y dialogar, pero también entender que representar ya no consiste únicamente en hablar en nombre de alguien.
Consiste en conseguir que ese alguien todavía pueda reconocerse en aquello que hacemos en su nombre.
Hay algo extraño en los espejos rotos: cada fragmento conserva intacta su capacidad para reflejar, pero pierde la posibilidad de mostrarnos completos.
Por eso, a 47 años de su nacimiento, la pregunta más importante para la COPPPAL quizá no sea cuántos partidos consigue mantener alrededor de un mismo espacio.
Sino qué pueden hacer esos partidos para volver a acercarse a las sociedades que dicen representar.
Pessoa miraba los pedazos de su espejo y encontraba en cada uno apenas una parte de sí mismo.
América Latina probablemente nunca verá una sola imagen en el suyo.
Ningún país puede explicar por sí solo al continente. Ningún gobierno representa a la totalidad de una sociedad y ningún partido puede reclamar para sí el reflejo entero de un país.
La democracia existe, precisamente, porque ninguno debería poder hacerlo.
El reto está en mirar cada uno de sus fragmentos hasta comprender que todos, incluso los más distintos, forman parte de la misma imagen.
Porque las democracias no comienzan a romperse cuando aparecen las grietas.
Comienzan a romperse cuando dejamos de reconocernos en el espejo.

.png)



Comentarios