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Dos Pioneras en el Diarismo Mexicano

Foto del escritor: JORGE HERRERA VALENZUELA
JORGE HERRERA VALENZUELA
hace 1 hora
6 min de lectura

A L F A   O M E G A 


*En 1930, Reportera de la “Fuente Presidencial”

*Fue Víctima de Corruptos Funcionarios 

*La Arrojaron de un Balcón de Segundo Piso


JORGE HERRERA VALENZUELA


Resulta interesante abrir el Baúl de Las Historias.


Considero que deben borrarse del anonimato nombre de ellas y de ellos, los mexicanos, que hicieron historia y que son parte de la misma.


Comenté de tres heroínas de la Independencia vitoreadas, en el Balcón Central de Palacio Nacional, cuyos nombres estaban durmiendo el sueño desde hace más de doscientos años.


Después “dí vida” a cuatro medallistas olímpicos. Dos hombres y un mujer en el Siglo XX y una en los albores del presente.


Hace tiempo nuestra amiga Ethel Acosta me regaló un ejemplar de 54 páginas que escribió su tía Helia D´Acosta. “Indiana y Concha, dos brillantes periodistas, dos trágicos destinos”.


Helia narró pasajes dramáticos de las ilustres periodistas Indiana Nájera y Concha de Villarreal. 


De ellas escribió: “dos figuras femeninas de gran proyección humana…se impusieron con valor y energía en un medio hostil…lucharon por las causas más nobles: los campesinos y los obreros víctimas de las injusticias de los poderosos”.


Este comentario periodístico lo dedicó a dos pioneras del Diarismo Mexicano y lo subrayo. Porque en los finales del Siglo XIX y en la primera década del veinte hubo mujeres periodistas que sufrieron prisión por escribir contra la dictadura porfiriana.


Como siempre, afirmo: los reporteros redactores, mujeres y hombres, hacemos la historia sin ser historiadores. Las vivencias quedan impresas en las páginas de diarios y revistas para los historiadores, analistas y columnistas. En grabaciones radiofónicas y en videos, en la actualidad.


Así pues, ahora conoceremos quiénes fueron y qué hicieron la michoacana Elvira Vargas y la coahuilense Concha de Villarreal.


TLALPUJAHUENSE ESTRELLA


Ya era una Reportera Redactora Estrella cuando la conocí, formaba parte del cuadro directivo del Diario de la Tarde, vespertino de Novedades, que salió a la calle el 4 de noviembre de 1957. Coincidía con el “destapamiento” del candidato presidencial del PRI, Adolfo López Mateos.


Elvira Vargas Rivera, una tlapuljahuense de 50 años de edad, dirigía la edición donde mi Jefe de Información fue el querido Rodolfo “El Negro” Dorantes. La plana mayor la formaron Fernando Canales, Fernando Benítez y Arturo Sotomayor. 


Años después don Raúl E. Puga fue uno de los queridos directores y desfilaron como reporteros mi querido Rafael Díaz de León y Torres, Alfredo Cortina Espejel, María Teresa Guerra, Carmen Lira y el as de la fotografía periodística, mi fraternal Jaime Andrés Arroyo Olín, Rita Ganem, Norma Bravo, Rosita Delgadillo, Armando Rojas Arévalo, Domingo Álvarez Escobar, Fausto Catillo en espectáculos y el columnista José Luis Mejías que se inició como publicista.


Elvira fue la primera reportera que cubrió las actividades presidenciales y nos señalan que estuvo en Palacio Nacional en 1930, el presidente era el ingeniero y general Pascual Ortiz Rubio y continuó hasta el sexenio del general Lázaro Cárdenas.


 Sus padres, don Joaquín Vargas y María Jesús Rivera, le permitieron que saliera de Tlalpujahua hacia el Distrito Federal, después de terminar Primaria y Secundaria. Siendo estudiante en la Escuela Nacional Preparatoria, en el Barrio de San Ildefonso, fue activista de las Juventudes Vasconcelistas, durante la campaña del Maestro de la Juventud, candidato presidencial a la Presidencia de la República.


Alternaba su trabajo reporteril con los estudios universitarios. En El Nacional llegó a ser Jefa de Redacción y colaboró en El Universal; columnista en la Cadena García Valseca (la de Los Soles y el Esto). También pisó la Redacción de Novedades. Articulista en las revistas Hoy, Mañana y Siempre!


En 1958, dirigía el Diario de la Tarde, presentó su examen profesional en la Facultad de Derecho, con la tesis “La Reforma Agraria y el Neolatifundismo en México”.


Defensora de las clases sociales humildes redactó muchos reportajes y recibió amenazas. Recordaba Elvira cuando un individuo, identificado como “señor Long”, se le acercó para decirle: “…si Usted escribiera de otro modo, la compañía se daría por bien servida” y la contestación firme y clara: “…dígale a su compañía que puede darse por mal servida”.


INTENTARON ASESINARLA


He oído mucho de una mujer duranguense que dedicada a la investigación periodística, como reportera redactora del diario Excélsior, recibió la orden de realizar un reportaje a la producción de una bebida alcohólica que causaba la muerte, mayoritariamente, de hombres del campo y a sus familias. 


La reportera Concha de Villarreal de inmediato atendió las instrucciones y salió con rumbo a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Nunca imaginó la periodista, entonces de 39 años, que su entusiasmo y profesionalismo iban a derrumbarla y pasaría a la historia como la primera víctima de los corruptos funcionarios gubernamentales, federales y estatales, y de los poderosos empresarios.


Concepción de la Luz Noriega González adoptó el apellido Villarreal de su esposo Anastasio, al contraer nupcias a los 17 años de edad. Sus padres fueron Manuel Noriega y Leonor González.


Desde su inicio en el oficio periodístico, mostró facultades para el periodismo, la poesía y como novelista. Colaboró en las Revistas Orbe, Todo, Sucesos, El Economista, Revista de Revistas, Jueves de Excélsior. 


Su poesía era denuncia de las injusticias sociales y sus reportajes la convirtieron en portavoz de los marginados, de los obreros explotados y de los campesinos olvidados, sin dejar de referirse a la desigualdad de la mujer frente a los hombres. Nació en abril de 1910, en Gómez Palacio, Durango, en pleno estallido del Movimiento Armado de 1910.


Murió en Caracas, Venezuela, el 26 de marzo de 1956. Sus amigas y colegas Helia D´ Acosta, Chelina Galindo Arce, Isabel Farfán y Edelmira Zúñiga, se encargaron de tramitar el traslado de los restos e inhumarlos en el Panteón Jardín de la Ciudad de México.


Además de lo escrito por Helia, hay un reportaje muy sentido en su contenido y revelador de los sufrimientos que padeció Concha de Villarreal, publicado en el periódico Opinión 51, de Hermosillo, Sonora, de la autoría de la reportera Claudia Pérez Atamoros.


REPORTAJE DESAPARECIDO


Concha realizó su reporteo detalladamente. Logró reunir una información exclusiva de la producción alcohólica. Se supo que su trabajo fue conocido por empleados de los hermanos Pedrero que establecieron en 1946 un trapiche que sirvió para la elaboración de aguardiente, causante de envenenamiento al consumidor.  


El trapiche es un molino para extraer el jugo de determinados frutos. Ese es uno de los varios usos que tiene. Al principio operaron con mulas para mover el molino y después se emplean aparatos eléctricos. 


Los Pedrero tuvieron protección de los funcionarios federales, estatales y municipales, hasta que el gobernador, el doctor Manuel Velasco Suárez hizo una denuncia y acusó a los empresarios de los daños a la salud de los campesinos.


Concha estuvo hospedada en el Hotel Jardín. Su habitación, en el segundo piso, con barandal hacia la calle. Terminada su labor, la reportera de Excélsior hizo su equipaje y sin preocupación alguna, se acercó a la ventana y parada frente al barandal, de pronto sintió que dos hombres la arrojaban al vacío.


La dieron por muerta y el cuerpo de Concha quedó sobre el pavimento de la calle. Fue recogida herida y sin sentido. Recuperada retornó a la Ciudad de México y fue internada en un hospital privado.


Sus pertenencias y su bolsa desaparecieron. Tenía guardada la libreta con todos sus apuntes y jamás volvió a saberse quién la recogió. Se supone que la policía local la entregó a los Pedrero o al gobernador, el general Francisco J. Grajales, éste se deslindó al decir: “…siempre que llega a Tuxtla un periodista, viene a visitarme, la señora De Villarreal no lo hizo”.


ESTÁ LOCA, QUISO SUICIDARSE


Esa declaración apareció en las páginas de Excélsior el 7 de junio de 1949, comentó la periodista Pérez Atamoros y en su mismo reportaje nos comparte que dos días antes, Concha de Villarreal envió, desde Tuxtla Gutiérrez, un telegrama a su periódico con el siguiente texto: “Peligra mi vida. Si algo me pasa, investiguen”.


Los interesados en desviar la realidad, hicieron correr la versión de que Concha “parecía loca” y “con intenciones de suicidarse”. A la dirección general del diario llegaron “informes” en contra de la reportera y Rodrigo de Llano los validó, dejando sin empleo ni protección a la periodista duranguense.


Enrique Borrego, “Borreguito” como lo llamaba Concha, fue comisionado para ir a Tuxtla “a investigar lo sucedido” y regresó convencido, de que su compañera de Redacción, se lanzó por la ventana del cuarto que ocupaba. El sacerdote del Templo Parroquial, Rufino Torres Gómez, hasta el pésame le dio a De Llano. 


Apuntó Claudia Pérez Atamoros que el certificado médico, expedido en el Hospital ABC, en el D.F., se asentó que Concha murió de bronconeumonía.


Desde luego presentaba golpes en diferentes partes del cuerpo.

Primera víctima de la corrupción gubernamental, que incluyó hasta el mismo director del diario más importante del País, en la época del maestro Julio Scherer García, estimado amigo y compañero.


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