CARTA ABIERTA DE UN CUBANO, A CLAUDIA SHEINBAUM PARDO
- LA RUEDA DEL PODER

- hace 11 horas
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Presidenta Claudia Sheinbaum:
Le escribo no como político, ni como ideólogo, ni como militante de ninguna corriente.
Le escribo como cubano, como hijo de un pueblo que lleva 67 años viviendo bajo una dictadura que usted y otros líderes insisten en llamar “humanitaria”.
Le escribo en nombre de millones de cubanos sin voz:
de los que no pueden escribir cartas porque están presos, exiliados, vigilados, censurados o enterrados.
Hoy el mundo observa imágenes que no admiten matices ni relativismos:
•Presos políticos saliendo de centros de detención con el cuerpo quebrado.
•Testimonios documentados de tortura, hambre, aislamiento y humillación.
•Familias destruidas por el simple hecho de pensar distinto.
Y aun así, presidenta, usted elige mirar hacia otro lado.
Usted habla de solidaridad, de humanismo, de no intervención.
Pero el silencio frente al verdugo no es neutralidad:
es complicidad.
Usted envía —o respalda— “ayuda humanitaria” a Cuba.
Permítame decirlo con claridad:
Lamentablemente, el pueblo no verá esa ayuda.
La historia es conocida y se repite sin excepción:
Primero, hoteles y turismo.
Después, dirigentes y sus familias.
Luego, FAR y órganos de seguridad.
Más tarde, mipymes controladas por los mismos jefes.
Y si algo sobra…
se le vende al pueblo a precios inalcanzables.
Eso no es ayuda humanitaria.
Eso es administración de la miseria para sostener al poder.
Cuando la ayuda es realmente para el pueblo, no necesita propaganda.
Basta con que llegue a la mesa de la gente.
Y en Cuba, presidenta, no llega.
Entonces le pregunto, sin consignas ni retórica:
¿Humanitario para quién?
¿Para el preso político que lleva años sin juicio?
¿Para la madre que no sabe si su hijo comerá mañana?
¿Para el anciano que trabajó toda su vida y hoy vive de la caridad?
¿Para el niño que muere por falta de un medicamento básico?
No, presidenta.
Eso no es humanismo.
Eso es cinismo con discurso académico.
Usted no defiende a los pueblos de Cuba y Venezuela.
Usted defiende a sus carceleros.
Habla de soberanía, pero ningún pueblo es soberano cuando no puede elegir, protestar ni expresarse.
Habla de dignidad, pero no hay dignidad donde hay miedo.
Habla de justicia social, pero no hay justicia donde el poder no se puede cuestionar.
Presidenta Sheinbaum:
Las dictaduras no necesitan tanques extranjeros para sostenerse.
Les basta con intelectuales cómodos, liderazgos “progresistas”
y gobiernos que se esconden detrás de la palabra humanitario
para justificar lo injustificable.
Usted no puede lavarse las manos con la historia.
La historia siempre pasa factura.
Dentro de unos años, cuando se escriba lo ocurrido en Cuba y Venezuela,
cuando se enumeren los cómplices,
cuando se señalen los silencios,
cuando se nombren las cobardías elegantes,
su nombre estará ahí.
Y no al lado del pueblo, sino al lado de quienes decidieron proteger al poder antes que a la verdad.
No le escribo para que nos salve.
Los pueblos no se salvan con discursos extranjeros.
Le escribo para que no nos use.
Para que no nos insulte llamando “humanitaria” a nuestra tragedia.
Para que no maquille dictaduras mientras nuestros presos salen con el cuerpo quebrado y el alma herida.
Los pueblos de Cuba y Venezuela no necesitan defensores de oficina.
Necesitan libertad.
Y la libertad, presidenta, nunca ha venido de la mano de quienes justifican al opresor.
Atentamente,
Alvaro Ferro Lugones
Un cubano que no olvida,
y millones que no pueden firmar
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