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Vacúnate… si encuentras

  • Foto del escritor: FERNANDO RUIZ CASTILLO
    FERNANDO RUIZ CASTILLO
  • 8 feb
  • 2 Min. de lectura

ALGO, CADA DÍA


Fernado Ruiz Castillo


“Vacunar es amar”, repite con convicción el mensaje central de la nueva campaña del Gobierno de México para promover la vacunación contra el sarampión. La frase es impecable, emotiva, casi poética. Lástima que, en muchos centros de salud del país, el amor se haya agotado en el almacén.


Porque una cosa es invitar a vacunar y otra muy distinta es tener vacunas. Y hoy, lo que abunda no son precisamente las dosis, sino las quejas. Padres y madres de familia recorren clínicas, hospitales y centros de salud con la cartilla en la mano y la esperanza en pausa, solo para escuchar la misma respuesta: no hay. No mañana, no pasado, no sabemos cuándo. No hay.


La campaña, sin embargo, sigue su marcha triunfal. Spots, carteles, publicaciones en redes, discursos oficiales y frases motivacionales insisten en la importancia de vacunar. El mensaje es claro: protege a tus hijos, cumple tu responsabilidad, cuida a tu familia. Todo muy bien. Solo falta el pequeño detalle logístico: las vacunas.


La escena es digna de una comedia de enredos burocráticos: el Estado convoca con solemnidad a un acto de amor que, en la práctica, resulta imposible de consumar. Es como promover la lectura sin libros, el deporte sin canchas o la hidratación sin agua. Vacúnate, sí… si encuentras dónde y con qué..


Mientras tanto, la angustia crece. El sarampión no es una enfermedad menor, ni un simple recuerdo de los libros de historia médica. Es altamente contagioso, potencialmente grave y perfectamente prevenible. Justamente por eso la vacunación no debería depender del azar, la suerte o la persistencia casi heroica de los padres.


Pero en el México de las campañas brillantes y los anaqueles vacíos, la responsabilidad parece recaer siempre en el ciudadano. Si no vacunaste, fue tu culpa. Si no insististe lo suficiente, fue tu descuido. Si no recorriste cinco clínicas y dos hospitales, es porque no amaste lo bastante. El Estado invita; tú te las arreglas.


Y lo más desconcertante es la normalización del desabasto. Se habla de “ajustes en la distribución”, de “reorganización de inventarios”, de “problemas logísticos”. Eufemismos que intentan maquillar una realidad simple: no hay vacunas suficientes. Pero la propaganda continúa, como si repetir una consigna pudiera sustituir la ausencia de políticas públicas eficaces.


La paradoja es brutal: se promueve un derecho sin garantizar los medios para ejercerlo. Se apela a la conciencia social mientras se ignora la capacidad operativa. Se habla de prevención mientras se administra la escasez. Todo envuelto en un discurso cálido, sensible, amoroso.


“Vacunar es amar”, dicen. Pero también es planear, comprar, distribuir, almacenar y garantizar. Sin eso, el amor se queda en slogan, la prevención en promesa y la política pública en simple escenografía.


Tal vez habría que actualizar la campaña con un toque más realista: Vacúnate… si encuentras. Al menos así se alinearía el mensaje con la experiencia cotidiana de miles de familias. Porque en este país, donde sobran discursos y faltan insumos, la fe se practica en los pasillos de los centros de salud, esperando que algún día, entre tanto cartel y tanta consigna, aparezca por fin la vacuna.


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@Encuentro29

@ferruzcas

Facebook: Fernando Ruiz del Castillo

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