El problema no es Trump; son las “rémoras”
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

- 9 jun
- 3 min de lectura
Algo Cada Día
Fernando Ruiz del Castillo
Después de ocho meses de silencio autoimpuesto, Andrés Manuel López Obrador reapareció en la arena pública con una carta de cinco cuartillas para defender a Claudia Sheinbaum y reflexionar sobre Donald Trump. Pero más que una reflexión, el documento terminó siendo una colección de agravios, sospechas, nostalgias y, sobre todo, insultos.
La tesis central de López Obrador es tan simple como conveniente: Trump no sería el verdadero problema. El problema serían quienes lo rodean. Es decir, los funcionarios, asesores y operadores de Washington que, según el expresidente mexicano, están empeñados en debilitar a Morena, fortalecer a la oposición y regresar a México a los tiempos de los gobiernos “entreguistas”.
Hasta ahí, una diferencia de opinión política.
El detalle es la forma en que decide describir a esos personajes. En lugar de identificarlos, debatir sus argumentos o refutar sus posiciones, les dedica una andanada de calificativos que parecen extraídos de una cantina decimonónica: “inexpertos”, “resentidos”, “fanáticos”, “falsos amigos”, responsables de “viles y siniestras aventuras”. Y para rematar, les receta una lista que haría sonrojar a cualquier diccionario de agravios: “paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados”.
Nada mal para una carta que supuestamente busca la reflexión respetuosa.
La pregunta inevitable es: ¿qué reacción espera López Obrador de los aludidos?
Porque en política internacional las palabras tienen destinatario. Y aunque no haya nombres propios, cualquiera en Washington puede identificar el retrato hablado. Funcionarios del Departamento de Estado, asesores de seguridad nacional, operadores del Departamento de Justicia, miembros del Congreso y analistas cercanos a la administración Trump podrían leer el mensaje de una forma bastante sencilla: el expresidente mexicano los considera una pandilla de resentidos, manipuladores y malvados.
Difícil imaginar que alguien responda a semejante descripción con una tarjeta de agradecimiento.
Lo más curioso es que AMLO construye una especie de defensa caballeresca de Trump. Lo presenta como un líder práctico, intuitivo y sensato que habría sido extraviado por una corte de intrigantes. Una narrativa que recuerda aquellas explicaciones históricas según las cuales el rey era bueno y los malos eran sus consejeros.
El problema es que Trump no es un monarca medieval. Es el presidente de Estados Unidos y las decisiones de su gobierno son, precisamente, las decisiones de su gobierno.
Por eso resulta llamativo que López Obrador descargue toda la responsabilidad sobre terceros. Si Trump impone aranceles, endurece la política migratoria o aumenta la presión contra los cárteles mexicanos, según la lógica de la carta, no sería por convicción propia sino porque unas misteriosas “rémoras” lo inducen al error.
Es una explicación políticamente cómoda, pero diplomáticamente explosiva.
Mientras Sheinbaum intenta administrar una relación compleja con Washington mediante cautela y contención, López Obrador decide reaparecer para llamar, en esencia, ladrones, vividores, filibusteros y manipuladores a funcionarios del país con el que México tiene la relación bilateral más importante de su historia.
Quizá los destinatarios no respondan públicamente. La diplomacia suele ser más elegante que los mítines. Pero eso no significa que olviden.
En política exterior, los agravios rara vez generan simpatías y casi nunca producen concesiones.
La carta deja una conclusión inquietante: López Obrador quiso defender a Sheinbaum, pero terminó enviando un mensaje de confrontación a buena parte del aparato político estadounidense. Y mientras él puede darse el lujo de escribir desde la tranquilidad de Palenque, quienes tendrán que lidiar con las consecuencias de esos calificativos serán otros.
Porque una cosa es mandar “al carajo” a las rémoras desde una carta. Otra muy distinta es negociar con ellas cuando tienen en sus manos los aranceles, las visas, la cooperación en seguridad y buena parte de la agenda bilateral entre México y Estados Unidos.
Lic. Francisco Fernando Ruiz del Castillo
Cel. 6861363618
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