Campañas invisibles que todos ven
- FERNANDO RUIZ DEL CASTILLO

- 30 jun
- 4 min de lectura
Algo Cada Día
Fernando Ruiz del Castillo
Qué maravilla la política mexicana. Tiene la extraordinaria capacidad de convertir lo evidente en invisible y lo ilegal en una simple coincidencia.
Resulta que nadie anda en campaña. Nadie busca la candidatura al gobierno de Baja California. Nadie promueve su imagen con fines electorales. Todo es producto de un súbito y conmovedor interés por recorrer colonias populares, visitar mercados, saludar comerciantes, abrazar niños, grabar videos para TikTok, aparecer en programas de entretenimiento, multiplicarse en espectaculares, bardas, lonas y redes sociales.
Es, según nos explicarán llegado el momento, una casualidad.
Sin embargo, basta recorrer cualquier municipio del estado para encontrarse una y otra vez con el mismo rostro. El de Julieta Ramírez Padilla, la senadora que, para propios y extraños, parece contar con las simpatías del grupo político que hoy gobierna Baja California y que muchos identifican como la apuesta más cercana de Marina del Pilar Ávila para intentar conservar el poder.
Pero tampoco sería justo cargarle toda la responsabilidad.
En esta carrera donde oficialmente no hay carrera, también participan Evangelina Moreno, Ismael Burgueño, Fernando Castro Trenti, Armando Ayala, Jesús Alejandro Ruiz Uribe y Alfredo Álvarez. Unos con más recursos, otros con mayor discreción y algunos apenas asomando la cabeza para recordar que siguen respirando políticamente.
Lo verdaderamente interesante no es que todos se promuevan. Eso ocurre desde hace décadas.
Lo fascinante es el nivel de cinismo con el que se pretende convencer a los ciudadanos de que no están viendo lo que están viendo.
Las denuncias llegarán, por supuesto. La oposición presentará expedientes ante el INE, el Tribunal Electoral y quizá hasta denuncias penales. Habrá conferencias de prensa, comunicados y declaraciones indignadas.
¿Y después?
Probablemente nada.
Porque la experiencia reciente demuestra que cuando el aparato político decide proteger a los suyos, las investigaciones suelen caminar con la velocidad de una tortuga sedada. Los expedientes envejecen mejor que el vino y las resoluciones aparecen cuando el proceso electoral ya terminó y el daño —o el beneficio— ya produjo sus efectos.
Mientras tanto, el ciudadano seguirá financiando, directa o indirectamente, un espectáculo donde todos juran respetar la ley mientras buscan la forma más creativa de caminar exactamente por la orilla de ella... o unos centímetros más allá.
Y apenas estamos empezando.
Vendrán más recorridos por tianguis. Más fotografías con comerciantes sorprendidos. Más reuniones "espontáneas" con vecinos perfectamente organizados. Más videos donde el algoritmo, curiosamente como las encuestas, siempre favorece al mismo personaje. Más entrevistas "casuales" en noticieros y hasta en programas de revista donde, entre recetas de cocina y consejos de belleza, también habrá espacio para hablar del futuro de Baja California.
Como si la política pudiera venderse igual que un detergente.
También empezarán, según diversas versiones que ya circulan en distintos municipios, las presiones internas. Los llamados a la disciplina. Las discretas invitaciones para abrir puertas a unos y cerrárselas a otros. Porque en Morena, como en cualquier partido que concentra el poder, la unidad suele ser una virtud... siempre y cuando todos coincidan con quien va adelante.
Y cuando aparezcan las primeras críticas serias, llegará el libreto conocido.
Habrá llamados a la civilidad.
Invocaciones a la unidad.
Discursos contra la guerra sucia.
Denuncias de misoginia, persecución o campañas negras.
Porque en la política mexicana casi siempre el favorito termina descubriendo que también es la víctima.
Lo realmente preocupante no es quién gane la candidatura.
Lo preocupante es la normalización de una competencia anticipada donde las reglas parecen aplicarse únicamente a quienes no tienen el respaldo suficiente para ignorarlas.
Y esa quizá sea la peor noticia para Baja California.
Porque cuando la ley deja de ser un límite y se convierte únicamente en una recomendación, la democracia empieza a parecerse demasiado a un trámite administrativo.
Y entonces sí, la elección todavía no habrá comenzado... pero el resultado podría empezar a escribirse mucho antes de que aparezca la primera boleta.
Y para quienes todavía sostienen que Julieta Ramírez no anda en campaña porque "los tiempos electorales aún no empiezan", bastaría revisar la noticia de este mismo lunes.
La gobernadora Marina del Pilar anunció la salida de Netzahualcóyotl Jáuregui de la Secretaría de Bienestar para incorporarse, según dijo, a nuevas responsabilidades dentro de Morena. Una decisión que, curiosamente, llega justo cuando la sucesión estatal comienza a calentarse y la promoción de varios aspirantes se vuelve cada vez más evidente.
No deja de llamar la atención. Hablamos del funcionario que encabezaba la dependencia responsable de operar los programas sociales más extensos del gobierno estatal y que, además, es identificado públicamente como la pareja de Julieta Ramírez. Las coincidencias, en política, suelen tener muy mala reputación.
Porque si algo ha alimentado durante meses la conversación pública son las versiones, denuncias y señalamientos sobre la utilización de la poderosa estructura territorial de Bienestar —sus brigadistas, promotores y operadores— para fortalecer determinados proyectos políticos. Nada de eso ha sido acreditado por las autoridades competentes, pero tampoco ha desaparecido de la discusión pública.
Así que la pregunta no es por qué Netza deja el gobierno.
La verdadera pregunta es: ¿para qué?
Si el objetivo es dedicar tiempo completo a la operación política de Morena rumbo a la sucesión de Baja California, la renuncia tendría mucho más sentido que cualquier explicación burocrática.
Porque las campañas modernas ya no empiezan con un registro ante la autoridad electoral.
Empiezan cuando los operadores dejan la nómina del gobierno... para incorporarse de tiempo completo a la nómina de la política.
Lic. Francisco Fernando Ruiz del Castillo
Cel. 6861363618
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